Lo publiprivado

Para leer y llevar


“He probado cocaína, era una época bohemia”, fueron sus declaraciones un sábado por la noche.

Todos mis fines de semana suelen ser tranquilos. Me dedico a leer, a ver series por Internet, a veces salgo pero solo a caminar, al cine o a comer algo. Algunas veces no me queda más remedio que ver lo que transmiten nuestros canales nacionales. Uno de los programas que rara vez suelo sintonizar es El valor de la verdad, que este fin de semana tuvo como invitada a Magaly Medina y que cambió su nombre –momentáneamente– a La hora de la verdad. Fue en este espacio televisivo que la reconocida periodista de espectáculos reveló muchos detalles de su vida privada, entre ellos, las declaraciones citadas al comienzo de este artículo. Fue una entrevista de destape y que, como era de esperar, cautivó a más de uno.

Una pregunta que se me vino a la mente, después de ver el programa, fue ¿cuándo la línea que dividía lo público de lo privado dejó de existir? ¿Cuándo es que nos convertimos en fieles seguidores del morbo que suscitan este tipo de programas? Día a día nos topamos  con Esto es guerra, Combate, El valor de la verdad, e incluso El gran show (que este año integró entrevistas con un formato parecido al de su rival en el mismo horario), quienes dan a conocer detalles irrelevantes de sus concursantes, que en la mayoría de casos deberían quedar en la esfera íntima, pero son los propios protagonistas de estas “novelas” quienes se prestan para esto. Recordemos cuando el popular programa de canal 4 transmitió en vivo el parto de una de sus concursantes lo cual, en su momento, generó más de una crítica.

Esa línea que antes era muy marcada y gruesa hace muchos años atrás, ha ido desapareciendo poco a poco. Y esto no solo se da en la televisión. Las redes sociales hasta nos confunden acerca sobre lo que debemos publicar. Pongámonos a pensar un momento. La mayoría de personas que tienen acceso a Internet tienen un Facebook. Cuando tuviste un pésimo día y necesitas el aliento de por lo menos alguien, ¿qué es lo que sueles hacer? Publicas, tal vez no detalladamente lo que te pasó, pero si, tal vez, alguna frase que haga mención al pesado día que tuviste. Es increíble lo confuso y contradictorio que puede ser esto. Controlas “tu privacidad”, es decir a quiénes quieres dejar ver determinada información, pero cuando lo haces publicas aquello que según tú es relevante que tus amigos y los amigos de tus amigos conozcan. Algunos, incluso, sobrepasan el límite y colocan lo menos irrelevante. Resulta muchas veces una molestia tener que recibir “notificaciones” a cada momento.

En una era donde el consumidor tiene el poder, es muy difícil controlar qué es lo que realmente alguien debe saber y qué es lo que realmente se debe publicar. Así le digamos a nuestro público que debe saber más acerca de la Ley Universitaria, muy probablemente no lo haga puesto que esta persona estará más interesado en saber sobre el último escándalo que se haya suscitado en algún reality de su preferencia. Lo único que nos queda es adaptarnos y ser más precavidos. En mi caso, trato de no publicar muy seguido en Facebook. Pienso mil veces antes de hacerlo y me hago la pregunta de siempre: ¿qué de relevante tiene aquéllo que voy a dar a conocer? Hagámonos esa pregunta antes de publicar cualquier cosa en una red social. Incluso, quién sabe, antes de dar alguna declaración en televisión.

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