No seas telenovelero

Todo tiempo pasado fue mejor


Hace algunas semanas, tras revisar con mis alumnos el formato de telenovela en clase, me quedaron claras dos cosas: que me estoy poniendo viejo y que los jóvenes de ahora ya no ven tantas telenovelas como las que veíamos quienes estamos por llegar a la base cuatro. Fue muy vergonzoso dar ejemplos de telenovelas que durante mi infancia y adolescencia me acompañaron después del colegio y que ninguno de ellos las hubiera escuchado nombrar. Me sentí como el chico raro del salón, apasionado por un tema que a nadie le importaba.

En el fondo, se esté de acuerdo o no, ver telenovelas es una actividad casi exclusivamente femenina. Tal vez por eso produce algo de sospecha que yo, siendo un “macho pecho peludo”, hable sobre esto. Pero nunca me ha dado vergüenza admitirlo: yo veía telenovelas de chiquito y ello formó ciertas características de mi personalidad.

Me mata la curiosidad saber por qué ahora los chicos ya no ven telenovelas como lo hacía yo a su edad. La respuesta de una alumna llamó mi atención: “Porque a veces la realidad es mejor. A veces hay más drama en la vida diaria que en la de un personaje de ficción”. Y creo que ahí está la clave de esa ruptura generacional con la telenovela. En mi infancia, las novelas que consumía eran las que Eduardo Adrianzén describe en su libro Telenovelas: cómo son, cómo se escriben: la “telenovela rosa” donde la protagonista es la típica joven pobre, noble y provinciana que se enamora del joven rico de la casa y pasa mil y un tragedias hasta que finalmente se casa, asciende socialmente y es feliz.

Beatriz, la señora que me cuidaba en casa cuando era niño, se identificaba mucho con este clásico “cuento de hadas”. Ella se conectaba de una manera física con el drama que sufría la pobre Verónica Castro en Los ricos también lloran o Maricarmen Regueiro en Natacha. En cambio, ver la tele con mi mamá era distinto porque ella disfrutaba las telenovelas brasileñas. Recuerdo que se identificaba con el personaje de Regina Duarte en Vale tudo, una mujer tradicional con fuertes convicciones morales. Al igual que en la novela, le conflictuaba lo que hacía la hija (Gloria Pires); a mí, en cambio, me parecía mucho más realista, un retrato de la mujer moderna capaz de hacer de todo para alcanzar su objetivo. El interés de las telenovelas por atrapar un nuevo público pasaba también por representar mejor a la protagonista de turno para que las nuevas generaciones se identifiquen. Los guionistas brasileños lo han logrado siempre.

Tal vez, en el fondo, mi conexión con las telenovelas sea más emocional y me produzca cierta nostalgia y añoranza infantil verlas. ¿Será que los jóvenes de ahora no vieron televisión con sus madres? Puede ser. Antes no podíamos cambiar de canal tan fácilmente y veíamos lo que se podía y cuando se podía. Ahora es distinto: todo está a un clic de distancia. Además las chicas de ahora ya no creen en esas “historias de amor”, en las de antes. Ahora buscan algo más realista con el amor en lugar de andar fantaseando o idealizando.

¿Cómo podemos entusiasmar a los jóvenes para que vean más telenovelas? Estamos en deuda con las nuevas generaciones. Quiero pensar que aún nos queda tiempo para escribir buenas y mejores telenovelas peruanas.

forrest

One thought on “No seas telenovelero

  1. Varias cosas mi querido Manolo, no habia cable (ok, no estaba generalizado como hoy), si no tienes internet eres el raro del salon y si tienes un Samsung Galaxy pocket, te hacen bullying.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s