El otro cuento de la liebre y la tortuga

Todo tiempo pasado fue mejor


¿Recuerdan el cuento de la liebre y la tortuga? Ese en el que ambos, con características opuestas (uno veloz y el otro lento), compiten en una carrera para demostrar quién es el más rápido. Para sorpresa de todos, el ganador resulta ser la tortuga, pero no por velocidad sino por perseverancia y constancia. Muchos hemos crecido escuchando esta fábula cuya moraleja la resumiría de la siguiente forma: “quien persiste y no se detiene puede realizar una hazaña improbable”. Pero siempre he pensado en qué hubiese pasado si hubiesen competido por segunda vez. Es muy probable que la liebre no hubiese cometido el mismo error y hubiese dejado muy atrás a la agotada tortuga, que por más perseverancia que hubiese tenido, no hubiese podido repetir su victoria en este caso.

En el fondo, las nuevas generaciones han crecido escuchando esa versión del cuento y se identifican con la liebre. Su pensamiento lo podría resumir de la siguiente manera: “Si puedo ir más rápido y ganar desde el arranque, pues lo hago”. Nos hemos convertido en una sociedad obsesionada con la rapidez, con el obtener todo de manera mucho más veloz. El concepto de Faster is better ha invadido todos los ámbitos de nuestra sociedad, desde la comida hasta cómo nos relacionamos con nuestro entorno.

¿No tienes tiempo para cocinar? Puedes pasar por un fast food. ¿Es poco saludable? Sí, pero eso no impide que cadenas internacionales como Mc Donalds sean las más exitosas en el mundo. Esto trae como consecuencia que, para satisfacer la demanda de “gente ansiosa y estresada por comer rápido”, se sobreexija toda la maquinaria de producción alimentaria: avicultores pensando en cómo hacer crecer más rápido sus aves y ganaderos pensando en cómo engordar más rápido sus vacas. Todo esto para tener un poco más de tiempo y ser más productivos. De esta manera, obtendríamos más dinero para consumir más y finalmente ser más felices. ¿Eso es cierto?

Quiero declararme en contra de todo esto. Considero que la velocidad con que uno asuma sus responsabilidades es un derecho y debe ser respetado. Por ejemplo, a mí me gusta comer lento (hasta con palitos), disfrutar de una prolongada sobremesa y que la digestión se extienda hasta terminar completamente una botella de vino.

En varios países se está promoviendo el concepto de slow food que tiene que ver con el hecho de cultivar, producir y cocinar comida respetando criterios medio ambientales de conservación de la biodiversidad. Esto coincide con la propuesta hecha por Carl Honré, quien en su libro In praise of slowness celebra que exista gente que esté desacelerando sus vidas, siendo más felices y más sanos, realizando una revolución de la lentitud.

En el fondo ir lento, casi siempre, tiene sus recompensas. Estoy seguro de que la tortuga, al darse cuenta que en esa segunda carrera ya no iba a ganar, decidió simplemente disfrutar del paseo. Tal vez nos falte eso: ir más despacio para que de esta manera podamos conectarnos con nuestros sentidos de una manera más profunda.

mmmm

2 thoughts on “El otro cuento de la liebre y la tortuga

  1. Estoy de acuerdo contigo en casi todo pero no sé si la idea sea ir simplemente más despacio para disfrutar de todo. Vayamos a nuestro ritmo, respetando el ritmo que las cosas adquieren en cada momento, tratemos (con todas las fuerzas) de asumir lo que podemos manejar sin que esto genere demasiada culpa o angustia… ahora más que nunca (gracias a Luka) creo que cada tanto es rico parar, respirar y verse uno mismo… y caray, cómo me cuesta dejar de ver mi entorno. Creo que no se trata solo de disfrutar lo que hay afuera del camino, al rededor, sino también de darnos el tiempo para vernos e ir entendiendo de a poquitos lo que pasa adentro. Ayer leí una frase de Javier Marias que hoy se me vino a la mente luego de leerte y aunque tiene que tiene que ver más con el silencio, creo yo, que de alguna manera está relacionado con este “detenerse” del que hablas. La frase esa era algo así como que la gente no aguanta un minuto de silencio porque es una de las cosas que nos permite pensar.

  2. Estuve todo el tiempo acelerado, “el clásico estoy en 1000” y tú, con la misma frase, una y otra vez: ¡ya ves, es de lo que hablo!… debo haberte hecho recordar 1000 veces tu columna. Definitivamente, el tomarte un tiempo para reflexionar las cosas, te permite retomarlas con mayor fuerza, con una idea clara de cómo enfrentarlas. Para quienes somos impulsivos y en algún momento nos hemos dejado llevar por nuestras pasiones, sabemos que este es el camino para ser mejores personas. Por otro lado, aquello que te detiene debe guardar equilibrio con lo que te mueve y te impulsa a construir tu entorno, recuerdas una de las frases de Voltaire que usaba muy a menudo Haydeé Azabache, “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”, con ello nos quería decir, que cualquier cosa que hiciéramos debía tener un tiempo razonable de ejecución y que era un despropósito si por querer realizarla perfectamente nunca la iniciábamos.

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