Tras la pantalla congelada

Hablando del Orinoco


En más de una ocasión me ha sucedido algo extraño con los alumnos, sobre todo durante las exposiciones de sus trabajos: tienden a paralizar el proyector utilizando la opción freeze, de tal modo que la pantalla queda congelada mientras ellos hacen algo en la computadora que, a vista de los otros estudiantes y del profesor, permanece en el más oscuro anonimato. En ese momento aparecen las hipótesis acerca del por qué de la vergüenza que ocasiona lo que se empecinan en no mostrar. ¿Estarán viendo pornografía? ¿Habrá algún secreto escondido que no quieren compartir? ¿Podremos leer el desliz de algún novio despechado que implora a la chica de sus sueños que vuelva a su lado?

Es curioso cómo los chicos (y chicas), ágiles al momento de desbaratar cualquier reputación que se precie con un comentario inoportuno, irreflexivo, impensado e instantáneo en alguna red social, devotos de los aplicativos de mensajería instantánea como el WhatsApp, el BBM o el Line, que detestan pensar siquiera en la posibilidad de desconectarse de Internet por un fin de semana, puedan ser tan cautelosos respecto a lo que vemos en pantalla durante sus exposiciones. Si uno indaga un poco y no se deja llevar por la fantasía y la truculencia, la develación del misterio podría generar sorpresa. Porque en más de una ocasión –me consta–  lo que se oculta tras el freeze es el acceso al correo electrónico de alguno de ellos.

Pero cómo, ¿no que las cuentas de correo electrónico habían pasado al olvido? ¿Que eran algo así como el servicio postal decimonónico? ¿Que la instantaneidad del Facebook, la posibilidad de un inbox a todas horas y el chat a todo momento y en todo lugar eran el último grito de la moda? ¿Por qué seguir utilizando un instrumento tan arcaico como el correo electrónico? Pero sobre todo, ¿por qué ocultar de la vista de los otros algo que, en apariencia, es tan público (o privado) como tu perfil en alguna red social (que sí es público)?

He aquí el quid de la cuestión: estas nuevas generaciones, que aparentemente tienen una noción tergiversada o redefinida de lo privado cuando se exponen diariamente en Facebook, sí conocen el concepto de reserva, de secreto, de confidencialidad y lo relacionan con los mails que se mandan unos a otros. Esos mensajes no pueden ser reemplazado con un inbox de Facebook porque, quizás, existe una percepción distinta acerca de la naturaleza del medio, una suerte de celo ancestral o código genético que no les permite compartir con el otro un correo electrónico que prescinde de la delicadeza de una hoja de papel, del trazo calculado de un lapicero y de la elegancia de elegir las mejores palabras para evitar los tachones, pero que a fin de cuentas sigue siendo una carta.

Y tal vez todo se debe a que en las cuentas de correo de los chicos (y de las chicas) se halla la evidencia de la persona que no colaboró con el trabajo, la narrativa de los insultos y de las peleas durante la elaboración del informe final, la verdad acerca de la procrastinación y del dejar todo a última hora (“porque trabajamos mejor bajo presión”, suelen decir en coro y con voces afinadas). Y eso, a ojos del profesor, significa la condena definitiva.

Pero si se las saben todas…

© Apéndice de Bork. 2014

2 thoughts on “Tras la pantalla congelada

  1. MUY cierto profe.. cuando le tengo que decir a mi enamorado, mamá, o jefe algo que me da vergüenza como para hablar por teléfono, se lo escribo al correo.. por facebook perdería su importancia. Sería como una conversación más de las miles de pavadas instantáneas que se comparten por chat.

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