¿Somos fieles?

Esloquehay


El amor es un cóctel de sentimientos, fuerza de voluntad y hechos. Exige mucho esfuerzo, paciencia y entrega, pero sobre todo compromiso. Sin embargo, los sentimientos pueden cambiar y, conforme pasa el tiempo, nos convertimos en menos tolerantes con el otro. Esto nos convierte en una sociedad que desecha lo que no le sirve. (¡ya no te quiero, chau!).

En estos días, las relaciones humanas le dan mayor importancia a vivir el momento, darse gustos y valorar el instante dejando de lado los lazos a largo plazo. La infidelidad es una realidad cada vez más compartida y uno de los causantes es el pésimo mantenimiento de la relación.

Cada vez que puedo establezco un paralelo entre las relaciones de pareja con los vínculos emocionales que tenemos con las marcas.  Cuando un consumidor se decide por una marca, está prefiriéndola en relación al resto (sucede igual cuando una persona elige a alguien para compartir momentos).  De igual manera, una persona/consumidor establece relaciones, ya sean duraderas o efímeras, con una persona o con un producto.

Cuando uno tiene una relación sentimental con alguien, hay ciertos códigos de respeto, admiración y amor. Si estos no se cumplen, “busca algo mejor”. En lo que respecta a las marcas, muchos de los fabricantes ven a sus consumidores como un número que genera ingresos sin entender su importancia. El rol que desempeñan los consumidores nos debe llevar a satisfacer no solo necesidades, sino también emociones. ¿Cómo mantener feliz a tu consumidor? Es lo mismo que establecer la pregunta en relación a una pareja. La respuesta: entendiéndolo y sorprendiéndolo (ojo: no es una tarea fácil).

¿Cómo entiendo a mi consumidor? A través de un conocimiento de sus gustos, preferencias, frustraciones y motivaciones. ¿Cómo lo sorprendo? Con historias relevantes, que lo hagan pensar. Siguiendo esto, muchas marcas calan en el “corazón” de sus consumidores y no dan lugar a la infidelidad.

Una marca puede convertirse en “la novia de tus elecciones” cuando mantiene un misterio. Esto porque los consumidores están llenos de aspiraciones, metas y sueños. Una verdadera marca puede contar una historia que debe ser inspiradora, agitando los sueños con los que se mueve la vida de su “amor consumidor”.

El noviazgo puede durar mucho tiempo, volviéndose, a largo plazo, en lealtad que va más allá de la razón. Sin embargo, si la experiencia es mala, puede terminar en un abrir y cerrar de ojos. Según un estudio de Nielsen, en Latinoamérica el 45 % de personas cambiaría una marca por precio, el 28% por calidad y un 18% por el servicio. Para que la marca pueda establecer vínculos no tan racionales no solo debe “hablarle bien” a sus consumidores a través de sus campañas publicitarias, sino que cada vez que tengan una conexión íntima (en el punto de venta o a través de un BTL), esta debe estar alineada con el sentimiento positivo que causó en algún momento.

Finalmente, nos vamos a quedar con la marca que nos trate bien, que aporte a nuestra vida. Con aquella que nos demuestre todo el tiempo que somos lo mejor para ella. Y que además nos robe una sonrisa.

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