Eu no falo portugués

Tinta verde


Estoy en Brasil. Vine por el Mundial. Quienes me conocen saben cuánto esperaba este viaje. Compré mis pasajes para estas fechas meses atrás, cuando (iluso) Perú aún tenía chances de clasificar. De hecho, mi intención era esa: venir a alentar a mi Perú. Desafortunadamente, el destino me jugó una mala pasada (y Markarián también). Luego de ser eliminados de forma definitiva (Uruguay nos ganó en Lima con gol de Luis “el conejo mordedor” Suárez) me deprimí tanto que ya no quería venir. Felizmente pasaron unas semanas y me animé de nuevo, aunque no con la misma emoción de antes. Así que aquí estoy, vistiendo la camiseta de Perú entre las calles y playas brachicas, soñando los sueños de otros, respirando fútbol y compartiendo la euforia de otra gente, comprobando una vez más el bien que le hace esta pasión al mundo.

Veo a los hinchas y sueño con ver más camisetas peruanas. Veo la ciudad y me lleno de envidia por lo linda que es. Me pongo a pensar en qué le falta a Lima para ser como Río y no hallo más que golpes de suerte. Río es la mezcla perfecta (como hecha por un Dios arquitecto) entre costa y selva. El mar de Copacabana no está ni a 500 metros de montañas verdes y, al medio, una ciudad que dista mucho de brillar por su arquitectura, sino que más bien lo hace por el calor de su gente, cosa que también tenemos los peruanos.

Ahorita mismo estoy en Buzios. Tras haber estado varado en el aeropuerto de Argentina 16 horas y aguantar tres horas más de camino en bus desde el aeropuerto de Río hasta Buzios, llego por fin a este supuesto paraíso del que tantas maravillas se hablan e irónicamente me encuentro con Ancón en el Atlántico. En ese instante pensé dos cosas:

  • Qué bonito/esperanzador saber que en Perú tenemos un lugar tan parecido.
  • Maldición. ¿Tantas horas de viaje para ver esto?

Sin embargo, creo que esa primera impresión se vio afectada por mi cansancio. A la mañana siguiente me desperté y ahí sí me encontré en el paraíso. ¡Qué bestia! Qué hermoso lugar es Buzios. No solo por la perfecta combinación de costa y selva que posee (tal como Río), sino por el espíritu de “pueblo” que ha sabido mantener su gente. Por partes me recuerda a Máncora, con la diferencia de que frente a cada una de las playas de Buzios se puede apreciar una isla que parece sacada de película. ¿Por qué a Lima no le tocaron estos accidentes? A eso me refiero cuando hablo de suerte. Pero eso sí, a Buzios le falta una cebichería. ¿Algún peruano emprendedor con las agallas necesarias?

Pero volvamos al fútbol. Ayer (domingo) me fui al FanFest del México-Holanda. Tremenda experiencia. Miles (no sé si llegamos al millón) de personas de todos los países del mundo, todos con sus camisetas, alentando y celebrando por el país con el que más se sintieran identificados. Ayer, naturalmente, todos los latinos apoyábamos a México. El resto estaba vestido de naranja. Música, sol, caipirinhas, playa, fiesta. Dudo que en otros países los Mundiales se hayan vivido como en Brasil, la tierra del fútbol y de la samba, una combinación tan perfecta como la de costa-selva que hay entre las calles de Río. Lo mejor: aquí todos aman a Paolo Guerrero y admiran a Teófilo Cubillas. Lejos de las burlas, usar la blanquirroja en el Mundial me abre puertas. Qué lindo es el fútbol. Creo que me quedo a vivir aquí.

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