Maestra vida

Todo tiempo pasado fue mejor


Este 6 de julio celebramos el día del maestro y voy recordando lo que significa ser profesor, docente o simplemente “profe” a ritmo de salsa, escuchando la canción de Rubén Blades que le da título a este post. Porque la vida es maestra, te enseña, te quita y te da y en la vida también encuentras maestros que te marcan de por vida.

Para los que desempeñamos esta noble tarea a diario, a veces dobleteando entre la escuela, la universidad y el hogar (porque los padres somos maestros a tiempo completo), decir que nuestra labor es la más importante en la formación del ser humano tal vez sea una exageración. Creo que el papel que puede desempeñar un maestro en la vida de sus alumnos se da sobre todo en el colegio. La lista de películas que rescatan esta premisa es larga y a veces el tema ya está demasiado manipulado. Pero es verdad que son los maestros de colegio los que más nos marcan en la vida, porque durante casi un año recibes, para bien o mal, la influencia de alguien que está delante tuyo tratando de enseñarte mucho más cosas que simplemente conceptos, hechos o fórmulas.

En mi caso, recuerdo mucho a mi profesora de primaria de Lenguaje, la que me enseñó lo más útil que alguien me pudo enseñar: la capacidad de leer y expresarme escribiendo. Luego recuerdo también a mis queridos profesores de ciencias, matemática, física y química. Nunca los entendí del todo, pero sin saberlo me enseñaron algo muy valioso: que aunque algo sea incomprensible y no le encuentres la lógica, esfuérzate y dedícate mucho más, nunca pienses que existe algo que no puedas aprender pues, si te lo propones, superarás lo que sea, hasta las ciencias. Eso me marcó por siempre. Pero a los que más recuerdo son a mis profesores de Literatura, pues marcaron mi carrera universitaria. Por ellos ingresé a la universidad para estudiar Educación, Lengua y Literatura, y aunque al final terminé estudiando Comunicaciones, mi gusto por las humanidades, por leer y escribir, lo debo reconocer, es gracias a ellos.

En la universidad las pocas horas y la dinámica misma del dictado no permiten crear un mismo vínculo con los profesores ni con los alumnos, pero el nivel con el que uno se involucre con su Facultad hace que recuerde a docentes universitarios que marcaron mucho en mi vida. Ahora son amigos míos y siempre serán maestros a los cuales recurriré para lo que necesite. El vínculo seguirá y trasciende la vida universitaria.

Siempre quise ser profesor después de ver La sociedad de los poetas muertos (como saben, soy un “romántico”). Tuve esa loca idea de guiar mentes y decirle a mis alumnos que “aprovechen el día” (carpe diem) y que vivan cada momento de sus vidas como si fuese el último de su existencia. Pero qué complicado que es porque no todos quieren aprender o algunos están más dispuestos que otros. Pero yo sigo persistiendo y era inevitable que, siendo mis dos padres profesores y habiéndome casado con una maestra, no termine en un salón de clases. A todos mis amigos profesores, que son muchos, les deseo un feliz día. Que esas ganas de que nuestros alumnos no solo aprendan sino que conozcan a través de nuestra experiencia de vida sigan ahí por muchos años más porque, al final, eso es lo que ellos siempre recordarán: la pasión con la que uno quiere enseñar y aprender de ellos. Porque esto de enseñar es aprender, también, cada día un poco más.

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