La presencia de Edita…

Todo tiempo pasado fue mejor


La he visto desde hace un mes en cada noticiero nacional, en las mañanas, al mediodía, en las noches, en los programas nocturnos, en la prensa escrita, la escucho en la radio (ahora ponen su música más veces al día), en fin, en todo espacio público imaginable. Es imposible escapar de esta noticia. El “sonado” caso de la muerte de la fundadora y cantante principal del grupo Corazón Serrano, Edita Guerrero (si no escuchaste sobre esta noticia o estabas metido como muchos en el mundial o estabas fuera del Perú).

Lo cierto es que no supe de la existencia de esta agrupación hasta la lamentable muerte (porque toda muerte de una persona, famosa o no, es lamentable) de Edita. Recién ahí me enteré de lo popular que era, sobre todo en provincias y en las periferias de la capital, de los miles de seguidores que tenía y del escarnio mediático al que podía ser víctima una persona. La noticia de su muerte, sin embargo, tenía las premisas perfectas para realizar lo que en el Perú se conoce como “cortina de humo mediática”. Murió en la flor de su juventud, tenía arraigo popular y al parecer su muerte tiene indicios de violencia familiar, feminicidio y negligencia médica. All in one, caldo de cultivo perfecto para los más morbosos periodistas de policiales y espectáculo, ideas casi preescritas para algunas productoras de teleseries… qué linda es la televisión peruana.

Los medios nos hacen creer que son de interés público temas que realmente no lo son. La muerte de un artista puede ser noticia, sobre todo para sus seguidores que tendrán las razones suficientes para lamentarla y sobre todo rendirle los miles de homenajes que, estoy seguro, se hacen y se harán en su nombre. Pero conocer al detalle las razones de su muerte debería ser únicamente un tema de interés familiar, que nos interese el “saber qué paso realmente” es un problema de la sociedad de consumo en la que vivimos, en la que creemos que la esfera privada de una persona nos pertenece, que tenemos derecho a invadirla y a escudriñar a nuestro antojo.

Lo peligroso de esto no solo es el morbo que gratuitamente consumimos, sino que muchas veces condenamos a personas inocentes y realizamos juicios sumarios en medios a la gente cuando aún no se les ha demostrado nada. (recordar solamente los casos de Rosario Ponce y  Eva Bracamonte) No les damos el beneficio de la duda razonable, pensamos que la única explicación posible no es la que muchos expertos nos plantean, sino que debe ser la que más indicio de tragedía y drama tenga: “El esposo la debe haber golpeado siempre. Pobre Edita. cómo debe haber sufrido en silencio y al final, de tanto golperla, se murió”. Es que los peruanos somos recontra noveleros.

Nuestra tarea como comunicadores debería ser informar objetivamente. En el caso de los periodistas es a veces complicado porque la objetividad por sí sola no vende y debe estar muy sazonada para que genere el interés debido. Eso no es culpa del periodista sino del lector. Que a la gente le guste inventar finales trágicos y hacer de la muerte de una mujer un reflejo de lo que somos como sociedad, es otro tema. En el caso de los audiovisuales, espero que mantengamos esta historia lejos de la televisión y que, por el momento, la dejemos descansar en paz.

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