Si tuviera más tiempo…

Hablando del Orinoco


  • Hubiera publicado la columna que me corresponde el jueves, como es costumbre, y no tendría que estar sentado un sábado por la mañana redactando este texto con cierto sentimiento de culpa.
  • Me quedaría sordo por escuchar de corrido todos los discos que tengo pendientes de audición, sea en vinilo, en CD o en MP3. Dicho sea de paso, es probable que más de un vecino haya muerto por el retumbar de los bajos a consecuencia del volumen alto o que haya originado la conversión al oscurantismo de más de un pequeñuelo de cinco años. Todos tenemos una misión en la vida.
  • Estaría más ciego que un topo por la lectura ininterrumpida de los cientos de libros que tengo en la biblioteca, muchos de los cuales ni siquiera han sido abiertos porque, a pesar de repetir como un manta “Mañana empiezo, mañana empiezo”… mañana debo seguir con el sempiterno trabajo que me consume más de lo que quisiera pero que no puedo dejar de lado porque los 11 años que uno pasa en colegio católico anuncian la llegada del “ser responsable” y a estas alturas de mi vida ya no puedo remediar ese componente.
  • Sería más famoso que los Justin Brothers porque habría grabado con mi banda de secuaces por lo menos cuatro discos (el último en vivo, de rigor), tendría tantas lenguas de MTV que sería la envidia de Gene Simmons, hubiéramos arrasado con los Grammy Latino y le hubiera robado un beso a Scarlett Johansson en la ceremonia del Oscar (lo que hubiera originado más de un problema en casa).
  • No recibiría innumerables mensajes, inbox y correos electrónicos de mis amigos tildándome de falla, de melindroso, de mal compañero de juergas, de workalcoholic empedernido (cosa que jamás he sido ni seré) porque no los veo hace tiempo y me pierdo una a una las reuniones que se organizan. Y a mí me gusta estar con mis amigos y con mis amigas. Los extraño, chicos.
  • Tendría la salud de un niño de ocho años y no me definiría hipertenso, de defensas bajas, con el estrés carcomiendo cada una de mis células, lento en la respuesta, adormilado frente a la más exquisita de las sinfonías o ante una película de visionado tardío (¡10.30 de la noche y con los párpados cerrándose, por Dios!).
  • Descubriría las formas más heréticas, sádicas e inhumanas de tortura académica para mis alumnos, lo que acarrearía la inmortalidad del mito, la desesperación frente a una exposición cara a cara, la lágrima contenida, la palpitación salvaje y el estallido de los miedos. Bello.
  • Leería y desgranaría la tesis de maestría que por tanto tiempo tengo en el disco duro y, junto con mis compinches tejones, armaríamos el libro que destronará a Paulo Coelho y nos hará acreedores de cuanto premio prestigioso exista en el mundo por ser tan innovadores, visionarios, simpáticos y talentosos.
  • Iría todos los días a la casa de mis papás para degustar los manjares de mi madre, lo que posiblemente ocasione problemas de sobrepeso. Pero todo está fríamente calculado porque…
  • Ahorraría todo mi sueldo ya que el tiempo no apremiaría y me iría caminando de un sitio a otro, en bicicleta o colgado de algún microbús. ¿Para qué más taxis si ahora soy el dueño del tiempo y nada demanda mi presencia?

Si tuviera más tiempo… sería más feliz.

© Apéndice de Bork. 2014

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