No arrepentimientos

Esloquehay


Tengo veintitantos… y si me remonto a los 16, edad en la que probablemente una chica se pregunta qué quiere estudiar, volvería a elegir las comunicaciones. Desde siempre tengo “el arte” en mis venas y cada una de las actividades que hice en mi infancia y durante el colegio estaban relacionadas con comunicarme con mis compañeros y con el diseño.

Me siento afortunada porque desde pequeña únicamente tuve que decidir en qué universidad estudiar; la carrera la tenía pensada. No me alucino siendo médico ni ingeniero. Lo único de lo que probablemente puedo arrepentirme es de no ser hombre para ser un futbolista famoso y millonario (ni modo, mi papá es “chancletero”).

Durante mi vida, que es corta todavía, he tomado muchas decisiones y he cumplido muchos sueños. He acertado y he tropezado. Esto me ha convertido en la persona que soy ahora. Sin embargo, está en nuestra naturaleza tener un pensamiento contrafactual; queremos deshacer el pasado con un “si hubiera, si hubiéramos…” y afortunadamente, “lo hecho, hecho está”. La vida está llena de decisiones, así que nos toca asumir las consecuencias. ¿Errores? He tenido miles, pero no creo ser la única.

A lo largo de la historia se han dado varios traspiés que han quedado grabados en la mente del colectivo. Muchos han costado la vida de personas; todos son desaciertos, pero aprendizajes finalmente. ¿Cómo olvidar al Titanic, el que a la quinta noche de su viaje chocó contra un iceberg que hizo colapsar tan majestuoso buque? La falla radicó en la soberbia de sus diseñadores que se enfocaron en su inmensidad, lo que llevó en ese momento a no equiparse de salvavidas.

Otro desliz considerado como “imperdonable” fue la decisión de la discográfica Decca Records que, luego de una audición a cuatro músicos de Liverpool, consideró que el grupo musical no era viable comercialmente. Así que Parlophone, subsidiaria de EMI, hizo lo propio al convertirse en el trampolín a la fama de The Beatles.

La revista Time nombró en 1938 a Adolf Hitler como personalidad del año. No tomó en consideración lo inapropiado que sería asociar este reconocimiento positivo con el hombre que originó el genocidio más grande de la historia.

Grandes equivocaciones, ¿verdad? El mundo está lleno de ellas porque nadie es perfecto. Estamos aquí para hacer de nuestra vida una prueba – error y lo valioso es perdonar nuestras fallas y seguir adelante. Un  “nuevo” Titanic tendrá los instrumentos necesarios para salvar vidas, tomaremos en cuenta a quienes tienen talento y reconoceremos como personajes del año a quienes (espero) hagan algo maravilloso por la humanidad.

Siempre estamos a tiempo de cumplir nuestros sueños. No nos quedemos con el “desearía haber hecho esto” o “hubiera hecho lo otro”. Armémonos de valor, hagámoslo, aprendamos… y no nos arrepintamos.

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