De a pie y en micro

Todo tiempo pasado fue mejor


No me gusta manejar. Es una actividad que la he reservado únicamente para los fines de semana y sobre todo para realizar trayectos cortos y conocidos (el mercado, al cine, a la casa de algún amigo, etc). La tortuosa experiencia de manejar durante la semana y en horas punta se la he cedido a mi querida esposa, más paciente y tremendamente más entusiasmada con la idea que yo. Cómo se nota que es mi complemento perfecto.

La razón para alejarme voluntariamente del volante fue simple: Lima y su tráfico. Manejo desde hace 15 años aproximadamente y 8 años atrás tomé la decisión de no manejar para ir al trabajo. Decisión al inicio complicada, sobre todo por las distancias siempre largas que me han tocado recorrer hacia mis centros laborales. Y también por un tema económico, pues finalmente ir en auto tiene una ventaja económica versus tomar siempre un taxi. Así que por esa época también tome otra decisión importante: volver a usar el transporte público.

Lo curioso es que al comienzo pensé que sería como volver a mi época universitaria, en la que me podía subir a cualquier combi y soportar las más inhumanas condiciones de transporte por 50 centavos. Pero con la edad uno se vuelve más comodón. Así que ahora la prioridad es buscar una ruta de microbús (ya no combi) que me llevará cómodo, de preferencia sentado y con una ruta directa sin transbordos. Por suerte siempre he tenido ese objetivo cubierto, por lo que me siento afortunado de ser ecoamigable con el medio ambiente reduciendo mi huella de carbono y ahorrándome varios soles al mes.

Pero lo mejor es que gracias a esto he podido recobrar mi olvidada habilidad para la observación. Para gente audiovisual, que constantemente estamos pensando historias, es un ejercicio mental muy útil y necesario. Sobre todo si se busca conseguir realismo en la creación de personajes. El transporte público es un microcosmos de nuestra sociedad. Ahí están casi todas las clases sociales, bajo las mismas condiciones, pagando el mismo pasaje y sin tener preferencias de ningún tipo. Acá no hay popular, preferencial ni VIP. Tiene que mejorar mucho, esperemos que la reforma ayude, pero debemos mejorar como usuarios también pues hemos copiado el desorden del sistema y somos igual de informales.

Muchos amigos me han criticado mi vuelta al estilo peatonal proletario que he adoptado en mi vida. Me dicen que el transporte en Lima es una basura y no dejan de tener razón, pero finalmente dentro de la basura reciclo y le encuentro una utilidad académica. No existen mejores personajes que la gente que viaja. Recuerdo que en la desaparecida línea 21, en la que iba y venía a la universidad, se creaba una pequeña burbuja atemporal: me transportaba a los años 50 y veía mi ciudad desde esos asientos desgastados, con los pisos de madera y con el olor a petróleo, a través de los vidrios manchados, como en un travelling lateral eterno, con esta canción en los audífonos como música de fondo, en invierno, con las pistas mojadas de la garúa limeña. Introducción perfecta para una película del club de los depresivos anónimos.

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