Golear no es igual a violar

Hector Mendoza


La sola idea parece obvia, pero, al parecer, para muchos varones amantes del fútbol (u otros juegos) la idea de meter muchos goles y humillar al rival tiene visos de “violación”. La Real Academia Española de la Lengua (RAE) lo define como: “Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento”.

He tenido la oportunidad de ver imágenes en sendas web de “humor”; también he escuchado a adolescentes jugar videojuegos con las mismas frases: “te estoy violando, cuñao’”. No creo que desconozcan lo que encierra este término; lo hacen probablemente porque es el nuevo lenguaje, porque lo consideran lejano a su entorno o porque lo toman como una broma.

Sin embargo, no habría que tomar a la ligera las terribles historias que encierra esta palabra; historias de mujeres en todo el mundo que tienen el valor de denunciar un hecho que las estigmatiza. La historia de Jada, una adolescente de 16 años ultrajada por sus compañeros, dopada, fotografiada y convertida en objeto de burla en las redes sociales, no debería ser tomada como tal.

Un tema aparte es que los medios de comunicación no sancionen ni cuestionen este tipo de prácticas; que los editores y reporteros solo digan que “eso estaba en la red y se limitaron a copiarlo” deja mucho que desear de la práctica comunicativa, de la empatía como seres humanos y de la formación que tuvieron en sus casas de estudio.

He mostrado esta imagen a tres grupos de alumnos diferentes (en cuanto a cursos, edades, género y sedes). Solo les pedía que la vean y me refieran qué ven, qué opinan y cuáles consideran que serán los efectos en la sociedad. Los gestos de desagrado eran evidentes. Las primeras en reaccionar fueron las mujeres, arguyendo que esto incitaba a la violación. Los varones también compartieron las opiniones. Comprendían la jerga, pero no la justificaban. Algunos identificaron, igual que yo, haber escuchado esas frases a sus hermanos menores mientras juegan… “¿Qué haremos pues?”, les dije.

La educación nos brinda la oportunidad de ser fichas de dominó que logren un efecto mayor y multiplicador. El lenguaje es vivo, las personas le otorgan significaciones distintas, pero banalizar actos como la violación es una señal de alerta sobre la incapacidad de conmovernos por el otro/a. Hacia allí estamos yendo.

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