Hasta pronto Mr. Williams

Todo tiempo pasado fue mejor

Esta semana comenzó con la noticia de su suicidio. Al principio fue complicado asimilarlo, pues no podía imaginar que en tantos años viéndolo, no haya podido sospechar acerca de la situación atormentada en la que se podría encontrar; tan compleja y tan ajena a todos los que seguimos su carrera.

Lo conocí muy joven, como muchos, a través de un personaje de ficción. Eran sus comienzos en la comedia televisiva, interpretaba al marciano Mork, el que quería aprender sobre nuestras costumbres terrícolas para reportarlas a su planeta de origen.

Luego, como ya lo he dicho, me marcó para toda la vida con su personaje de maestro revolucionario en el “Club de los poetas muertos”. Con su interpretación aprendí que existe el profesor amigo, el profesor cómplice y que es posible conectar con el artista que todos llevamos dentro. Finalmente, llegó el papel que lo hizo ganar un Oscar. Era usted un terapista que buscaba ayudar a un chico que se negaba a utilizar su talento para ser feliz. ¿Cómo usted, tal vez? No lo sé, pero lo intuyo. Porque en sus personajes veíamos un poco de usted.  Le impregnaba cierto realismo que definitivamente tenía que ver con algo que le pasó o le estaba pasando, así terminaba de armarlos, de hacerlos más humanos. Esa forma de conectar con ellos hacía que nosotros también lo hiciéramos.

Muchos años después lo volví a descubrir, pues gracias a mis hijos pude verlo representar papeles tan divertidos y entrañables como el de Mrs. Doubtfire, el de Hook o el Doctor de bola roja que hace a todos superar la enfermedad con un poco de risoterapia y por supuesto, como no olvidar al robot con sentimientos en el Hombre Bicentenario. Sea consciente de que ha creado personajes que permanecerán por siempre en el imaginario cinematográfico de chicos y grandes. Eso no es gratuito, se necesita mucho talento y carisma. A usted le sobraban las dos cosas.

Pero ahora ya no está. Se ha ido y algunos todavía se preguntan por qué tomó esa decisión si parecía un hombre feliz; tenía éxito y dinero. Pero eso no significaba nada o casi nada para usted. Sí, hacía lo que más le gustaba, pero no era completamente feliz. No supimos comprender que lo que usted representa en la pantalla es algo ficticio y que al regresar a casa, usted seguía siendo el mismo joven que se ocultaba tras el humor para escapar de sus adicciones y que no pudo contra ese inmenso Black Dog que lo seguía siempre, la depresión. Estar deprimido nunca fue estar triste.  Fue algo más. No es una escapatoria sencilla la que tomó. Para nada. Pero ahora ya no sufrirá más. Nos toca a nosotros aprender de todo esto, saber que una persona no es lo que representa o hace en pantalla, que hay mucho más detrás de esos personajes graciosos y que, nos toca reconocerlo, debemos  hacer algo para tratar de ayudarlos y hacer que su estancia en este mundo algo más llevadero.

Adiós, Mr. Williams. ¡Hasta pronto! ¡Have a safe trip chief!

 

RW

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