Empezar de uno (nunca de cero)

Tinta verde


La semana pasada iniciamos las clases nuevamente. Todo inicio o reinicio siempre motiva. Empezar de cero nos da la sensación de que estamos en el tiempo adecuado para hacer las cosas mejor de lo que es debido. Pensar en esto me hace mirar a los alumnos de otra forma: más entusiasmados, más curiosos, más inspirados. Trato de grabarme sus sensaciones para recordarlas cuando los vea destacar más adelante. Y lo hago porque siempre he tenido la curiosidad de saber qué sintieron algunos grandes de la historia cuando se encontraron en esa posición, al inicio de algo trascendente (antes de saber que lo sería).

Qué inspirador sería poder saber lo que sintió Mario Vargas Llosa tras publicar Los Jefes, su primer libro, allá por 1959. De igual modo, me pregunto qué habrá pasado por la mente de Pelé cuando entró al campo de juego en su debut profesional representando al Santos ante el Corinthians, allá por 1956. Mejor aún sería saber qué sintió en ese mismo partido minutos más tarde, tras anotar su primer gol. O qué emocionante sería poder saber qué sintieron los Beatles cuando estuvieron a punto de salir al escenario en The Cavern, el pub donde debutaron en Liverpool el 9 de enero de 1959. En ese entonces, The Cavern era un bar cualquiera y su debut fue ante menos de 50 personas. Hoy está de más decir lo que significa ese local para la historia y la cultura.

¿Qué habrá sentido Roger Federer en su debut en los Grand Slam del tenis en Wimbledon en el año 1998, o en qué habrá estado pensando Michael Jordan minutos antes de su primera salida a la cancha en la NBA por los Chicago Bulls en 1984? ¿O qué tan tenso y nervioso habrá estado Ayrton Senna antes de apretar el acelerador por primera vez en un torneo de Fórmula 1 ese mismo año?

Volviendo a ejemplos más locales, me pregunto qué habrá sentido Inés Melchor antes de que sonara el disparo de partida en el año 2000, cuando debutó en un campeonato Sudamericano en Colombia (en el que, dicho sea de paso, nos trajo una medalla de plata).

Nuestro ejemplo más inspirador quizás debiera ser el de Miguel Grau. ¿Se imaginan lo que habrá sentido tras subirse por primera vez a un buque de la Marina allá por 1843?

Las respuestas a todas estas incógnitas en realidad no son tan difíciles de imaginar. Puedo apostar que las sensaciones de estos personajes no difieren mucho de lo que sentimos nosotros en nuestros primeros días de clases o en nuestros primeros días de trabajo en alguna nueva chamba. Que esa curiosidad nos motive y nos sirva para que los nervios del inicio se conviertan en ganas de empezar de forma sobresaliente. Todos los grandes fueron alguna vez chicos. El truco está (creo) en saber determinar cuál es el momento para dejar de serlo. Salud.

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