Corredor azul: luz verde

Para leer y llevar


Siempre he sido desordenada. Lo llevo en los genes. Pero cuando esta alteración del orden sobrepasa los límites de lo personal  y se ve reflejado en una sociedad, me dan ganas de poner algo de mí para erradicar esa mala costumbre. Hace aproximadamente un mes, la Municipalidad de Lima  implantó –contra todo pronóstico y contra todo tipo de protestas por parte de las ex unidades de transporte público que circulaban por la zona y en su afán, además, de querer ordenar nuestro tránsito- el famoso Corredor Azul, el cual recorre las avenidas Tacna, Garcilaso y Arequipa. Actualmente se encuentra en una “fase de prueba”, pero funcionará oficialmente a partir del 1 de octubre.

Las críticas no se hicieron esperar. Algunos especialistas hicieron notar la falta de señalización así como las papeletas que tienen los buses contratados. A esto se le añade que según un sondeo realizado por el diario El Comercio-Ipsos, el 71% de limeños piensa que el corredor es improvisado.

Todas estas críticas me llamaron mucho la atención, sobre todo por la intención que existe de querer cambiar un sistema que ya no funciona. Recuerdo que cuando viajé a Estados Unidos en el 2008, el sistema del transporte público me llamó mucho la atención por el orden y la eficacia. Los buses salían a determinadas horas, esto se podía ver en el paradero y en ellos también estaba el recorrido de la unidad de transporte. A los latinos que visitábamos por primera vez Estados Unidos también nos llamaba mucho la atención que todos los buses estuviesen vacíos. Tal vez, éramos los únicos que, en esos tiempos, los utilizábamos. Lo que sí nos marcó fue que en plena crisis económica, el gobierno decidiera no cobrar en algunos casos pasaje, lo cual a nosotros nos parecía excelente porque nos permitía ahorrar.

¿Qué pasa en nuestro caso? A pesar de que existe la intención de querer ordenarnos y proveernos un mejor servicio, simplemente no forma parte de nuestra forma de ser. Choca con nuestro sistema desordenado y chabacano. Es por eso que nos molesta tanto. Estamos tan acostumbrados a tomar un carro en cualquier lugar, que nos cobren lo que se les da la gana, que los cobradores nos traten mal, que el paradero sea en cualquier lugar, que cuando se implanta un sistema que incluye un orden nos molesta.

No soy partidaria de la gestión de Susana Villarán, pero esta es una buena iniciativa para proponer un cambio en nuestra ciudad, donde impere el orden y nuestros días sean más llevaderos (nos ahorramos tiempo, dinero y un mal día). ¿Podemos darnos la oportunidad de formar parte del cambio? Está bien, no somos un país como Estados Unidos pero por lo menos existe una iniciativa concreta.

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