Ser juez y parte

Hector Mendoza


Hace poco salió una “denuncia” del diario El Comercio respecto al pago, con nuestros impuestos, que la Municipalidad de Lima había realizado a reconocidas figuras de la escena local para que apoyen a la alcaldesa. Los agraviados salieron a desmentir al decano de la prensa en el video No nos callan. Al final, la investigación no fue tal, todo fue un error y se realizó una nota aclaratoria.

Otro caso son los “programas de entretenimiento” como Esto es Guerra o La Paisana Jacinta, llenos de estereotipos y excesos. Las sanciones, si existen, son mínimas considerando los altos ingresos que perciben por publicidad estos programas debido a que sus productores conocen cómo ofrecer al público elementos atractivos para mantener en alto el rating. Y esa es precisamente la raíz del problema.

La comunicación se ha convertido en negocio, citando a Ryszard Kapuściński. En esa lógica, los dueños de los medios buscan ganancias y se preocupan poco de la cultura y de los contenidos de los programas. Estamos sujetos a lo que al “dueño” le parezca cultura. Un triste ejemplo fue la renuncia del poeta José Watanabe, guionista de un programa cultural de Panamericana, ante la negativa de Ernesto Schütz (principal accionista de Pantel) para desarrollar un programa sobre la vida del fotógrafo Martín Chambi porque a Schütz no le parecía importante (ver el artículo escrito por Eduardo Recoba).

Por otro lado, los dueños refieren que regularlos sería atentar contra la libertad de contenidos. Y es verdad, pues con esa idea los gobiernos dictatoriales definen qué es cultura y qué se debe mirar. Sin embargo, hoy en día también se realiza lo mismo pero a través de la dictadura del mercado.

Puede crearse, o reactivarse, instituciones de veeduría ciudadana. Ideal que sus miembros estén capacitados y sensibilizados para defender a las minorías afectadas por estereotipos de etnia u orientación sexual. Sin embargo, incluso este espacio puede estar sujeto a intereses políticos, económicos e incluso religiosos. Por tanto, una mejora en la educación se hace necesaria. Y dado que la educación escolar sigue, y probablemente seguirá, teniendo problemas consustanciales, es en las aulas de educación superior, con suerte, donde estos debates deben calar hondo en los estudiantes para cambiar el presente y el futuro de los medios que consumimos.

comercio

Vale señalar lo minúscula que resulta la nota de resarcimiento frente a lo amplio del primer reportaje.

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