Mistura sin X

Tinta verde


Acaba de comenzar Mistura. De la feria ya deben haber oído harto: cosas buenas y cosas malas, a gente que la recomienda y a gente que la denigra, a gente que sale contenta y gente que sale amarga. No importa qué digan. Vayan.

Mistura no es un patio grande de comida inalcanzable ni una idea astuta que agrada a muchos para que pocos “se llenen de plata”. Mistura es, por fin, una gran mesa donde nos podemos sentar todos los peruanos sin sentirnos raros por quién nos ha tocado al lado, sin mirarnos mucho porque todos nos parecemos y sin envidiarnos porque todos buscamos y conseguimos lo mismo.

Me da pena leer algunas críticas negativas sobre este evento. Felizmente son la minoría. Siempre hay gente que le da la contra al avance. Una vez caí en un foro de gente que hablaba pestes de Miguel Grau. Alucinante. Felizmente ya aprendí a dejar de hacer bilis y más bien reírme de esas críticas. Sin embargo, reparo en el por qué de esas personas. ¿Será una pose? Me gustaría preguntarles: ¿habrá algo (lo que sea) que, a su entender, estemos haciendo bien en este país? ¿Será que se sienten intelectuales pensando distinto a la masa? “Cero mainstream, ¿manyas?”.

De los veganos no voy a hablar porque considero que su rollo sí tiene un fundamento que me resulta lógico (aunque insufrible). Hace unos meses me sometí a una dieta vegetariana de solo cinco días. Al cuarto ya no podía respirar bien. Amo la carne. Odio el maltrato animal, pero amo la carne. He escuchado todo tipo de argumentos de veganos para convencer(me) y les daba la contra hasta hace un tiempo, cuando por fin hallé un argumento que cuando lo recuerdo pienso en que yo también debería convertirme, pero eso se los contaré otro día.

Mistura es un concurso de “a ver quién come más rico”. Mistura es una oportunidad para que productores y restaurantes que recién empiezan puedan mostrarse, no a ti que salivas mientras lees esto (prueben la empanada de lomo de Empanacombi), ni a mí que salivé mientras lo esribí (chancho al cilindro y picarones) sino a los inversionistas y experimentados cheffs que llegan para buscar semillas. Estuve buscando por horas data sobre el crecimiento de algunos restaurantes gracias a Mistura pero no hallo muchos números. ¿Alguien?

La comida se ha vuelto en el primer (sí, el primer) común denominador con el que todos los peruanos nos sentimos igual de orgullosos de “hacer”. A lo que me refiero con “hacer” es al hecho de ser un logro que hoy construimos con nuestras manos y no que se basa en el recuerdo o en algo que “nos tocó” como Machu Picchu, sino que lo hacemos con nuestra chamba del día a día: cosechando y cocinando.

Mistura tiene gigantescas colas. Encontrar mesa es una hazaña, llegar y salir es lentísimo por el infernal tráfico que se forma, las entradas las revenden carísimo, pero si eso pasa (y empeora) desde hace cinco años, debe ser por algo bueno. A los que no han ido, vayan. A los que ya fueron, vayan de nuevo y recomiéndenlo. Hoy ya hay gente que viaja al Perú por Mistura. La ganancia está por todos lados y para todos.

Vayan temprano. Coman rico. Pidan porciones pequeñas de cada plato que compren para que puedan probar más. Si no encuentran mesas para sentarse, ¡mejor! Coman mientras hacen la cola para el siguiente plato. Si hace frío, tomen emoliente o café. Si hace calor, pisco sour, chilcanos o chela. Dejemos de hablar tanto y mastiquemos, salivemos. Caminemos, que no solo nos hace avanzar sino que también ayuda a la digestión luego de tanto manjar. Salud.

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