Comprando, usando, tirando y volviendo a comprar

Todo tiempo pasado fue mejor


He decidido comprarme un nuevo celular. No porque quiera, sino porque el que tengo ya no va más. Muy smart y muy todo, pero no aguantó ni dos años de uso duro y parejo. Es que no sé ustedes, pero yo estoy acostumbrado a lanzar los celulares a las mesas, meterlos en la mochila, pantalones y sacos junto con llaves, lapiceros y demás objetos. Sé que son “aparatitos” delicados, pero vengo de una generación que usaba el celular, si es que lo usábamos, solo para llamar y para mandar mensajes de texto. Nada de Internet, Facebook, wasap ni jueguitos tontos.

Antes de este celular tuve un Blackberry 8520 que lo dejé de usar, muy a pesar mío, porque todos mis amigos con sus nuevos androids y iphones ya no me escribían tan seguido. Extraño el teclado físico que te permitía escribir parado en una combi en movimiento. Pero el celular que con más nostalgia y cariño extraño es mi indestructible Nokia 3310. Con una batería eterna y con juegos realmente complicados como el Snake, fue el teléfono celular más eficiente que nunca después pude disfrutar. Nunca me falló la señal, siempre estuve disponible, nunca perdí una llamada y lo mejor de todo era su resistencia. Recuerdo que alguna vez se me cayó, lo terminé pateando, luego cayó por las escaleras para terminar desarmado al final de los escalones. Lo recogí, lo volví a armar y funcionó sin problemas hasta que un día simplemente desapareció. Seguro hasta ahora estará funcionándole a otro. Era el Chuck Norris de los celulares.

Estaba analizando esto de por qué los celulares de ahora son cacharros que duran tan poco y que además su vigencia es tan reducida y me doy cuenta que he entrado, sin quererlo, a la maquinada ruleta capitalista de la obsolescencia programada, término acuñado allá por los años 50´s por Brooks Stevens, en que proponía básicamente un nuevo enfoque para la industria manufacturera creando consumidores insatisfechos con productos que han disfrutado poco tiempo y luego los venden, desechan y se compran uno nuevo. En eso se basa casi todas las industrias actuales: norteamericanas, europeas, chinas, coreanas o japonesas, todas tienen presente que mientras sus productos duren lo suficiente para que el consumidor no lo note, este desecho programado implica mayores ventas. Es así y será difícil cambiar. Ya nadie fabrica nada para durar o para reparar siquiera, ya casi no existen tiendas donde se pueden arreglar aparatos electrónicos; simplemente se desechan pues sale más barato comprarte otro nuevo que conseguir repuestos y personas que lo reparen. Así de simple.

Muchos no somos consciente de esto, pero a veces compramos algo solo por cómo se ve y nos “inventamos la necesidad” de tenerlo sin realmente necesitarlo. Estamos creando un círculo de consumo totalmente desproporcionado y obsceno, ocasionando muchos desechos electrónicos altamente contaminantes. ¿Qué hacer entonces? ¿Solo nos queda quejarnos como Willy Loman? No lo sé, pero comenzaré a analizar cuánto dura lo que compro y empezaré a descartar compras que realmente no son necesarias. Así que me demoraré un poco en comprar nuevo celular. Si me necesitan, me buscan. Así hacíamos antes. ¿No se acuerdan?

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