Si fueras yo, ¿qué harías?

Esloquehay


Cuando vamos al supermercado a buscar un champú y nos enfrentamos a una góndola inmensa de mil variedades que nos ofrecen las marcas –hidratante, reparación capilar, anti frizz, liso sedoso, rulos con volumen, etc– se nos genera una confusión. Si no tenemos en mente qué marca usar, podemos pasarnos media hora buscando el producto adecuado para nuestro cabello. Qué difícil resulta decidir si no tenemos claro qué queremos y si el mercado nos ofrece muchas alternativas de compra. Una vez que me decido por uno, veo el precio y este se convierte en otra variable que puede determinar mi compra. ¡Más decisiones!

Barry Schwartz en The paradox of choice nos menciona que día a día estamos expuestos a tomar decisiones. Cuando compramos tenemos una ilimitada variedad de productos, tenemos tanto que elegir. Muchas veces intentamos trasladar la responsabilidad de elegir a otros porque consideramos que es mejor que alguien elija por nosotros. Aquí viene la típica pregunta: si fueras yo, ¿qué harías? Sin embargo, nosotros deberíamos ser quienes trazamos nuestra vida a través de nuestras decisiones.

¿Qué marca de laptop comprarme? ¿Qué ropa ponerme? ¿Me cambio de carrera o de trabajo? ¿Qué ver en la televisión? ¿Contesto el teléfono? La vida te pone diferentes situaciones en las que hay que tomar decisiones.

Según Schwartz, elegir tiene efectos en las personas. Uno de los más importantes es que produce parálisis sobre la libertad porque tenemos mucho que elegir. El ser humano prefiere elegir entre menos opciones. Sin embargo, cuando nos decidimos por algo, casi siempre nos lamentamos de la selección porque es muy fácil imaginar que pudimos haber elegido algo mejor. Este remordimiento nos causa insatisfacción.

¿Qué pueden hacer las marcas para que esto no ocurra? ¿Cómo generamos que el consumidor sienta completa satisfacción de su elección al momento de comprarnos? La filósofa Ruth Chang afirma que las decisiones, por muy pequeñas que sean, son importantes y que el ser humano tiende a elegir lo más seguro. El temor a lo desconocido es un motivador común para lidiar con las decisiones.

El consumidor está siempre informado y las decisiones se convierten en difíciles porque percibimos que no existe una opción mejor. Cada uno de nosotros tiene el poder para crear razones a través de las cuales se convence que una alternativa es mejor que otra. Un mundo con decisiones fáciles nos convertiría en esclavos de la razón.

Las marcas, teniendo en cuenta esto, generan en el consumidor un sentimiento de familiaridad con el producto. Desarrollar el mejor valor posible, a través del mismo producto y de su comunicación, va a permitir que el consumidor perciba a la marca como la mejor opción y nos elija con el corazón.

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