Listas sin puntos finales

Todo tiempo pasado fue mejor


El otro día revisaba un libro de mi amigo Gengis que se titula Las 1001 películas que debes ver antes de morir, edición 2011. Lo curioso es que cuando estudiaba en la universidad yo leí la edición por esa época y recuerdo que con mucha paciencia, esfuerzo y dedicación me puse a buscar, encontrar y ver varias de las películas que aparecían en ese listado. Tuve la fortuna de trabajar en el archivo audiovisual de mi Facultad y tenía al alcance una cantidad importante de títulos. Los demás los conseguía de amigos y de algunos profesores que, aunque casi rogando, me prestaban su copia en VHS. Todas esas horas fueron muy bien invertidas y mi cultura visual me lo agradeció.

Pero haciendo los cruces con el libro, ahora me habían cambiado cerca de 200 películas, títulos que salieron en el nuevo milenio. Es decir, tenía más películas para ver y el próximo año serán más y más, en cada edición me quitarán y agregarán otras más. Es un interminable carrusel de nuevas películas. No veo forma alguna de cumplir con esa lista y sobre todo con el fatídico deadline de hacerlo “antes de morir”. Mi trastornado, obsesivo y compulsivo deseo de cerrar listas me hizo reflexionar sobre otras tantas que seguro tampoco podré ponerle punto final. Ahí están los 10 lugares que debes visitar, los libros que debes leer, los discos que debes escuchar, las comidas que debes probar y tantas otras como deseos y metas tenga el ser humano.

Estas listas de cumplimiento o de metas de vida son mejor conocidas como las bucketlist y, en resumidas cuentas, son cosas que uno se debe trazar hacer en la vida, antes de morir. Cómo lo logres no se discute; solo que lo hagas y listo. Aunque ahora en el mundo globalizado en el que vivimos supongo que también lo debes publicar, para envidia de algunos y relevancia de muy pocos. La meta es cumplirla y listo. Te prometen la felicidad total, el logro de una vida realizada, el bien supremo como persona. Pocos podrán decir que cumplieron con todo lo que pusieron en esa lista. Muy pocos.

Pero me pregunto si tiene que ser así. ¿Por qué nos debemos obsesionar con cumplir todo lo que hemos colocado? ¿En qué momento nos dijeron que esas listas definían la felicidad de una persona solo al hacer las sumas y restas finales? Yo estoy convencido que en el “no cumplimiento” también hay algo que se ganó, un aprendizaje de por qué no se pudo dar lo que puse ahí y tal vez fue lo mejor o lo que finalmente estaba destinado a suceder. Yo quiero creer más en listas incompletas, no cerradas, listas con puntos por llenar, sin puntos finales, en la que anotes lo que “estás haciendo”. Porque siempre estuve de acuerdo con esta frase: “los jóvenes tienen todo el tiempo y energía pero no el dinero, los adultos la energía y el dinero pero no el tiempo y los ancianos todo el tiempo y dinero pero no la energía” y la conclusión que lleva consigo. Lo que tengas que hacer hazlo ahora. Vive el presente no como si fuera el último día de tu vida, sino como algo que debes disfrutar sin mucha pregunta porque no sabemos lo que sucederá mañana y tampoco debe importarnos mucho. Empecemos con esas listas, empecemos anotando los logros de nuestras vidas. El “qué hemos hecho” a veces es más motivador que el “qué quiero hacer”. Yo estoy recién empezando…

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