Publicidad con propósito

Tinta verde


La semana pasada tuve la dicha de conocer a Francisco Samper, uno de los publicistas más influyentes del mundo. Él, junto con nuestro orgullo peruano Humberto Polar, es el líder creativo de la campaña colombiana para desmovilizar a los guerrilleros de las FARC. Aquí uno de sus mejores lienzos.

Mucho se habla de que la publicidad es la causante del consumismo, el racismo, el machismo y varios ismos más y no puedo negarlo. Aceptemos que, ciertamente, la publicidad ha alimentado estereotipos de belleza y de “status” que hoy no hacen más que generar diferencias sociales. Sin embargo, hoy la publicidad está empezando a cumplir un rol cada vez más protagónico en la solución de problemas y en la mejora de conductas sociales. Pensemos sino en la última campaña de Ponle Corazón o en el panel que produce agua de la UTEC (ambos dirigidos por Humberto Polar), por mencionar dos ejemplos locales recientes. Eso es a lo que Francisco Samper se refiere con “publicidad con propósito (social)”. Las marcas, conscientes de su poder de persuasión, deben conducirnos hacia situaciones mejores.

Francisco Samper es un referente de este “uso adecuado” de la publicidad y de cuáles son los tipos de mensajes que deben dejarnos las marcas, tal como lo que Coca Cola hizo con “Lloró”, uno de los pueblos más pobres de Colombia y –al mismo tiempo– el lugar donde más llueve en el mundo. Sabiendo que la publicidad “es capaz de hacer que la gente compre cualquier cosa de forma innecesaria”, vean lo que se logró.

Samper es uno de los gestores de que esas “ganas de paz” de Colombia sean el eje unificador de sus habitantes, traduciéndose a un mejor sentir social (llamémosle fe, esperanza o ilusión) y me pregunto por qué en el Perú no podemos reaccionar así ante nuestros problemas. Creo que el conflicto que vive Colombia con las FARC es superior a lo que vivimos nosotros con Sendero Luminoso. Su terrorismo está institucionalizado y quizás ese miedo es lo que los ha llevado a formar un solo espíritu de cuerpo. ¿Será que en el Perú nos hace falta un problema así de grave para poder reaccionar con una sola voz de protesta que nos una? ¿Y se deberá esto a que nuestros problemas son “mudos”? Todos escuchan cuando una bomba explota, pero nadie escucha cuando un niño no va al colegio, cuando un marido le pega a su esposa, cuando “n” kilos de cocaína son transportados al extranjero, cuando un menor de edad lleva 14 horas lavando carros en la calle o cuando una familia no pudo almorzar porque sencillamente no alcanza. ¿Qué hacer ante ello?

La comida nos está uniendo. Sí. Pero no nos hace protestar como deberíamos. Todavía nos falta mucho más.

Allá voy.

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