Plan A, plan B

Esloquehay


Martes 3 de noviembre

7.40 horas. No sonó la alarma de mi despertador y se me pegaron las sábanas, así que tuve que salir volando de casa porque tenía una reunión a las 8 am. No tendí mi cama, no sequé mi pelo, elegí la primera cosa que encontré para vestirme y no tomé mi usual café de las mañanas.

9.00 horas. En el trabajo, estuve dedicada a una de esas tareas que son pesadas y que no terminan nunca. Además tenía que escribir mi artículo para #HablaProfe y no estaba inspirada. El reloj avanzaba lento, lento, lento.

13.00 horas. No me dio tiempo de almorzar porque me llamaron a otra reunión, así que mis intestinos gruesos se comieron a los delgados.

18.45 horas. Pasadas las 6 de la tarde, en el camino de regreso a mi casa, me quedé atrapada en el tráfico por más de 50 minutos. Cerré mis ojos para no entrar en lapsus nervioso y renegué.

19.45 horas. Llegué con mucha hambre a casa y resulta que no encontré nada decente para comer. Únicamente habían tres huevos y un pedazo de turrón refrigerado. No me quedó otra que comer dulce de noche (se supone que empezaba dieta ese día).

21.00 horas. Luego a mi habitación y a dormir. ¡Qué asco de día!

Martes 3 de noviembre

7.40 horas. Dormí más de la cuenta ¡qué delicia! Comprobé que me sienta bien el look desarreglado y rápido de hacer. Llegué al trabajo justo para ir volando por un espresso rico del Starbucks porque no me alcanzó el tiempo en casa.

9.00 horas. En el trabajo escuché un playlist de mis canciones favoritas mientras hacía una tarea. Dejé para mañana lo que no pude hacer hoy porque no estaba inspirada y llamé a mi mamá para decirle lo mucho que la quiero.

13.00 horas. Compré unas galletitas para llevarles a los asistentes a la reunión de último minuto. Es genial cómo puedes robarles sonrisas a las personas a través de detalles insignificantes.

18.45 horas. Pasadas las 6 de la tarde, en el camino de regreso a casa, me quedé atrapada en el tráfico. Miré por la ventana del auto cómo pasaban sin problemas los ciclistas, así que disfruté viéndolos pasar y pensé sobre lo genial que es ir en bicicleta.

19.45 horas. Llegué con mucha hambre a casa y resulta que encontré tres huevos en el refrigerador; así que cociné un rico omelette y de postre comí un turrón (mañana empiezo la dieta).

21.00 horas. Luego a mi habitación y a dormir. ¡Qué buen día!

¿Ves cómo todo es cuestión de actitud? Según Robin Sharma, experto en liderazgo y desarrollo personal, la manera en cómo comienzas tu día va a determinar cómo vivirás tu día.

A veces las preocupaciones nos impiden fijarnos en las cosas más sencillas del día a día. La forma de ver la vida tiene que ver con nuestra disposición de ver las cosas.

¿Qué martes 3 de noviembre elegirás?

3 thoughts on “Plan A, plan B

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