Nuestro propio muro de Berlín

Tinta verde


Ayer me fui a Ancón a pasar la tarde con unos amigos y durante casi todo el trayecto el paisaje me lo adornó un horroroso muro de cemento. Siempre he creído que lo funcional debe primar por sobre lo estético, pero tampoco tampoco. Hablo de aquella pared gris en la berma central de la carretera al norte que intenta evitar que la gente cruce la pista y use -en vez- los puentes peatonales. Un bodrio inútil. Contaminación visual más gente que sigue cruzando, más camiones temerarios conducidos por Mozart (bocinas). Todo mal.

Ver ese muro por más de una hora (el tiempo que me tomó llegar a Ancón) me hizo pensar en los otros muros que dividen al Perú, a propósito del 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Así como tenemos un muro para evitar que la gente cruce la pista por lugares indebidos, también tenemos otro muro que separa “mi” espacio de “nuestro” espacio. Tenemos un muro que separa a la educación de calidad de la igualdad de oportunidades y otro que separa lo correcto de lo fácil. Tenemos un muro que separa lo peruano de lo criollo y otro para evitar que el pueblo entre a mi playa. Tenemos un muro para evitar ver y tenemos a gente que nos garantiza que estas construcciones continuarán.

Nuestros políticos han construido un muro que separa nuestra razón de nuestra fe. Nuestros policías han construido un muro que separa nuestra confianza de nuestra paz. Nuestros medios de comunicación han construido un muro que separa nuestro interés de nuestro vínculo con lo relevante. Nuestros futbolistas han construido un muro que separa nuestra ilusión de nuestra voz. Nuestro sistema educativo ha construido un muro que separa nuestro ser de nuestro saber. Nuestro sistema de salud ha construido un muro que separa nuestra esperanza de nuestra protección. Nuestro sistema económico ha construido un muro que separa nuestra astucia de nuestro “ayllu”. Nuestro sistema de transporte ha construido un muro que separa nuestra urgencia de nuestro respeto. Nuestra envidia al progreso ajeno ha construido un muro que separa nuestro esfuerzo de nuestra gratificación. Nuestra historia ha construido un muro que separa a los blancos de los cholos.

El muro de Berlín se mantuvo de pie por casi 30 años. Nuestros muros comenzaron hace casi 500 y no vemos indicios claros que nos hagan pensar que pronto los derribaremos. ¿O será que ya ni nos asomamos al otro lado para ver qué hay?

Vamos a derribar el muro.

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