El Ganador del Copé de Oro 2014, mi compadre

Todo tiempo pasado fue mejor


Estoy feliz. La semana pasada recibí una de las mejores noticias que alguien puede recibir. Son de esas que siempre quieres que lleguen, de esas que son buenas, que importan. Mi amigo, mi hermano, mi compadre Johann Page había ganado la XVIII Bienal de Cuento PREMIO COPÉ 2014 con su obra Patrimonio. Ese viernes, con un mensaje cómplice pidiendo que cuando pudiera lo llamara, no me hizo siquiera sospechar que tamaña sorpresa aguardaba al otro lado del teléfono.

Mientras le expresaba mi emoción y cariño, recordaba aquel lejano 1994 en el que un libro de premio Copé llegó a mis manos: Cuando las últimas luces se hayan apagado y otros cuentos ganadores del premio Copé era el título. Recuerdo haberlo acabado rápido, con la certeza de que en el Perú había talento literario de sobra. Recuerdo también que me gustó tanto la idea de un proyecto así que se lo presté a Johann. Le dije: “léelo, te va a gustar”. No sé si en ese momento se trazó el objetivo de alguna vez verse publicado en esa portada pero me gusta pensar que sí, me pone mucho más feliz pensar que tuve algo que ver con eso. Espero también que ese libro haya terminado de definir su vocación o la haya reafirmado aún más, porque a partir de esos cuentos creo que empezó a andar por los caminos del lenguaje y a expresar en papel lo que a veces no se puede decir con una mirada. Pensar que luego de 20 años ahora veré ese libro con su nombre impreso hace que todo esto sea parte de un momento surreal y fantástico. Seguro agotaré el tiraje de esa edición.

El chato ha ganado probablemente el premio de cuento más importante del Perú, uno con más de 30 años de historia, muy reconocido y competitivo. Muchos seguro no saben que tuvo que competir con más de 1600 cuentos de escritores peruanos de todos los rincones del Perú y del extranjero. No ha sido fácil, pero yo estaba seguro que este momento tenía que llegar. Y es que mi compadre, padrino de mi hijo mayor Pedro Ignacio, es un ser humano con una vida llena de experiencias maravillosas. Conozco pocas personas tan apasionadas y comprometidas con lo que hace como él, al nivel de mandarse mudar una temporada completa a un pueblito olvidado de la sierra limeña para emprender su primer proyecto. Recuerdo que me dijo que necesitaba el ostracismo voluntario para expiar tantas cosas que se necesitaban expiar, para liberar al monstruo que llevaba dentro. Esa aventura tuvo como producto su primer libro de cuentos: Los puertos extremos (Estruendomudo, 2004), en el que siempre le agradeceré haberle escrito ese cuento a un gran amigo que se nos adelantó.

Otras cosas que quisiera decirle me las guardo, ya tendré oportunidad de decírselas, pero me piden que estos artículos sean escritos sobre todo para los alumnos. Pues yo les digo a ellos que mi compadre es un ejemplo a seguir. Un ejemplo de pasión por lo que haces. Y es que la gente que hace lo que le gusta de manera apasionada, tarde, o como es su caso, temprano, destaca de manera brillante y él siempre lo hizo. Desde el colegio. Como su pasión por el teatro, en donde siempre hizo de Romeo, hasta la música, en donde siempre fue el frontman deseado.

Así fue, es y será siempre, el mejor en todo lo que decida hacer. Yo solo agradezco infinitamente a esa tarjeta sobrante de cumpleaños que me dio a los cinco años y que me permite ahora ser su amigo. Te quiero mucho, compadre.

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