¿El último desliz?

Molly Rosas


Les comentaba a mis alumnos el día de ayer la difícil tarea que tenemos los comunicadores hoy en día: debemos tratar de satisfacer a un público que cada día es mucho más exigente y debemos afrontar muchas dificultades.  Con el pasar del tiempo, cada día es mucho más fácil cometer errores.

Muy aparte de la discusión sobre el tema, nos planteamos la siguiente interrogante: ¿qué tan dispuestos estamos nosotros por alcanzar aquello que deseamos? Todos deseamos tener éxito en la vida, hay algunos que solo desean hacer lo que más les gusta, ¿pero es necesario valernos de los demás? ¿Dónde se encuentra nuestro límite?

La semana pasada, el programa de retos para adolescentes El último pasajero propuso un concurso que consistía en comer cucarachas. El gran premio era el soñado viaje de promoción a Cancún. La niña de apodo “Lola” prácticamente hizo ganar al equipo azul. Ni bien el programa se emitió, en las redes sociales los comentarios empezaron a llegar, incluyendo las de la premier Ana Jara. Y no solo eso: también aparecieron las declaraciones de Adolfo Aguilar, uno de los conductores del programa, para quien esto no era nada comparado con lo que hacen otros programas.

Podemos notar, entonces, que hay dos errores que forman parte del mismo programa: uno es el desliz de la producción al proponer un reto que atentó contra la dignidad de una persona (de un adolescente)  y otro por parte del conductor al tratar de minimizar la situación de la peor manera. Ambos, a pesar de todo y contra todo, comunicadores. Si bien ambos salieron a disculparse el día ayer, estas llegan un poco tarde y después de la avalancha de críticas en redes sociales. Lo más doloroso que puede sufrir un comunicador es perder la confianza de quienes lo leen o miran.

Siempre será buena la rectificación y todo lo demás. Pero estas deben llegar a tiempo para evitar perder lo que tanto nos cuesta conseguir y mucho más cuando nuestro peor enemigo es el tiempo.

¿Dónde está nuestro límite?  Como Stuart Mill proponía en su libre Sobre la libertad: “Mi libertad termina donde empieza la tuya”. Nuestro límite siempre será la otra persona.

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