Publicidad puertas abiertas

Invitado de lujo


Luciano Flores    Escribe: Luciano Flores

La publicidad debe ser una de las profesiones más acogedoras y hospitalarias del mundo. Es una especie de hotel cinco estrellas cuyas puertas se abren de par en par para el forastero huérfano de techo que no necesita mostrar la tarjeta VISA. O una iglesia siempre abierta para aquel que busca guarecerse más allá de la creencia que profese.

Pero mi convencimiento no es gratuito. Tiene una sólida base y no es otra que las razones que exponen los alumnos cuando preguntas por qué decidieron estudiar publicidad. Y para ello, fiel a mi gusto por crear listas, pongo a disposición algunas de las respuestas más comunes e insólitas:

  1. “La verdad no tenía ni la más mínima idea qué estudiar. Entonces dije: será publicidad”
    Respuesta típica del alumno que no tiene ni la más remota idea de todo el esfuerzo que implica trabajar en publicidad. Ve en nuestra profesión un espacio libre sin tensiones ni exigencias. Un paraíso donde puede habitar sin preocupación alguna y, de paso, mantener tranquilos a sus padres porque ya está estudiando algo.
  2. “En realidad quería dedicarme a la fotografía pero mis papás me dijeron: yo solo te pago si estudias en la universidad. Aunque sea sigue publicidad”
    Esta es de las más lapidarias y dolorosas respuestas que he encontrado. ¿Qué hacer cuando un padre le dice esto a su hijo? Queda darle una respuesta igual de contundente. Debemos tomar la palabra y decirle sin remordimiento alguno lo siguiente: “Señor padre de familia: la profesión a la que usted se refiere con tanta displicencia requiere de un talento vivo y comprobado, de un esfuerzo a prueba de balas, de amanecidas en busca de una idea genial, de un alto nivel de tolerancia a la frustración cuando un cliente rechaza una propuesta sin argumentos sólidos. Requiere de unas ganas casi invencibles por intentar cambiar las cosas. Ganas que tal vez su hijo no tenga. Muy atentamente, LA PUBLICIDAD”.
  3. “La verdad a mí me encanta la creatividad, ¿sabes? Pero más me gusta la plata. Entonces me dije que la publicidad es perfecta”
    Empezaste mal. A la publicidad no se llega por el dinero que vas a conseguir ni tampoco porque te gusta la creatividad. A la publicidad llegas por algo que es difícil definir pero quienes trabajan en ella a fuerza de perseverancia y caídas saben identificar. Llámalo desafiar tu mente, sobreexigir tu creatividad, entercarte por convencer más por la imaginación que por la imposición. Llegas a la publicidad por el amor a las ideas y por lo que consigues de ellas. Por la revolución que causan y por el cambio mental y emocional que generan. La plata puede llegar o no, pero nunca para quien solo ve en la publicidad una fuente para comprarse una 4×4 último modelo.
  4. “Yo quería ser marketero pero hay mucho número y tienes que pensar un montón. En cambio publicidad es más relax. Por eso caí por estos lares”
    Bien dicho: caíste. Como ave de paso que a la primera saldrá volando cuando te enteres que hacer un comercial de televisión, una acción BTL o un texto inteligente para un aviso de prensa es algo para lo que tampoco has nacido. Porque requiere usar neuronas y tú no tienes muchas ganas de ponerlas a trabajar. De acuerdo: a muchos publicistas no nos gustan los números. Me incluyo. Pero nos gusta pensar. Por eso elegí la publicidad: porque piensas todo el tiempo. En el baño, mientras caminas y hasta cuando haces el amor. Pensar, de eso se trata.

Podría seguir, pero tampoco se trata de hacer que la bilis nos aumente a niveles insospechados y es por eso que, haciéndole caso a esos entusiastas  que han puesto de moda la frase “Miremos el lado positivo de las cosas”, los invito a detenernos en aquellos chicos que abrazaron la carrera con una ciega pasión, puesto que uno nunca sabe de qué se trata la publicidad hasta que se pega su primera amanecida o siente que la búsqueda de una idea es algo inalcanzable puesto que nunca nos sentimos del todo satisfechos. Y es que detrás de toda idea hay una gran idea y detrás de esta hay una magnífica. Y así el ciclo se vuelve infinito.

Lo importante es que estos chicos existen. Son pocos pero los hay y comparten en común el hecho de  desafiar  lo establecido e ir contracorriente, buscando no supeditarse a la aprobación de sus padres, quienes los cuestionaron diciéndoles que estaban hechos para carreras más “importantes”, “qué podían dar más”, “que de las ideas muy pocos viven” y, en contraparte, siguieron adelante estudiando incluso otras carreras para dar gusto en casa y con el tiempo, finalmente, volver al primer amor y embarcarse en esa locura de las ideas, de la creatividad, de la acción quijotesca  de volver posible aquello que algunos creen imposible.

A ellos solo me queda decirles: acostúmbrate a arrugar papeles donde tal vez grandes ideas escritas acariciarán el fondo del tacho que se encuentra a tus pies. Pero mantente seguro y convencido porque un día la tinta escrita cobrará vida y luego de muchos intentos sabrás que valió la pena.

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