1, 2, 3… ¡a correr!

Molly Rosas


Recuerdo los constantes esfuerzos de mi madre para que pueda salir de casa e ir al gimnasio. Lo detestaba. Tampoco destacaba en el curso de Educación Física. Tenía solo 9 años. Las cosas fueron cambiando conforme fui creciendo. Destacaba (cosa que me impresionaba) en el mencionado curso. Según mi profesora, tenía condiciones para el deporte. Recuerdo haber hecho de todo: salto largo, salto alto, postas, vóley, fútbol, etc. Y así como dice el Chavo, “sin querer queriendo”, dejé de ser una niña inactiva.

Después de algunos años, cuando me mudé a Lima, volví a mis hábitos sedentarios. Me cambié de colegio dos veces y en el que finalmente me quedé no hacíamos mucho deporte. Me percaté a mis 15 años que no era una niña muy esbelta.  Otra vez mi mamá, muy preocupada, me volvió a insistir con matricularme en un gimnasio. Tenía malos recuerdos, pero accedí.  Recuerdo haber entrado a una clase de tae-bo y el profesor me dije que patee con toda mi fuerza. Me encantó. No sabía que existía “algo” así. Y como quien no quiere la cosa, terminé amando el deporte. Pasé del gimnasio a las maratones y demás. Hasta que finalmente decidí quedarme con el primero.

A nuestra larga lista de días conmemorativos, se sumó el de la Actividad Física que se celebró el día de ayer. Esta conmemoración fue instaurada por la Organización Mundial de la Salud, que detectó que la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad en el mundo. El objetivo es promoverla y persuadir a los demás de formar parte de ella.

En nuestro país las iniciativas deportivas han crecido a nivel de Lima. Hay más eventos deportivos y eso es bueno. Sin embargo, la contraparte de esto es que no hay lugares adecuados para que estas actividades se realicen. Las municipalidades o el gobierno deberían invertir en estos centros. Las provincias están nulas en este aspecto.

“El deporte es una herramienta efectiva para la construcción de la paz”, dijo la ONU en un comunicado. Esto me hizo recordar cuando casi 1800 presos batieron el récord Guinnes el año pasado. Todos con step en la mano se pusieron a bailar y a realizar una rutina de ejercicios (full body). Según el entonces director del penal de Lurigancho, Tomás Garay, esto había provocado un descenso en el consumo de drogas.

La actividad física siempre será una buena opción para dejar los malos hábitos, para poder invertir nuestro tiempo en hacer algo que nos traerá resultados a largo plazo. Lo único que necesitamos es actitud y un par de zapatillas.

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