El Perú no avanza: marcha

Renzo Rojas


El Perú está marchando. Simbólica y estadísticamente. Y marchamos hacia adelante. Siempre he creído que la caída de un árbol hace más ruido que el crecimiento de la naturaleza y que para eso estamos los comunicadores: para ayudar a dar fe de ese crecimiento invisible.

Desde hace un tiempo mi novia ha comenzado a trabajar en el Ministerio de Educación y eso me ha permitido comprobar (más) lo terriblemente mal que está el país en términos educativos y de desarrollo social. Pero no por eso puedo dejar de alegrarme por el pequeño pero significativo sentimiento de comunión que empieza a verse en las calles, quizás a propósito de ese mal estado en el que nos encontramos. Y así, hemos comenzado a marchar. Primero marchamos contra la repartija, luego contra la televisión basura, luego contra la ley pulpín y finalmente estamos marchando por la igualdad. Muchos se enronchan cuando la gente marcha porque aseguran que con ello no logra nada pero, a mi humilde entender, salir a las calles a demostrar tu inconformidad por algo perceptiblemente incorrecto me parece mucho más loable que llenar el Facebook de comentarios que no llegan a más gente de la que opina exactamente lo mismo que tú.

Y con esto no quiero decir que opinar en Facebook esté mal. Todo lo contrario: generar conciencia y debate en los propios círculos es algo también positivo. Pero de ahí a ningunear a la gente que da un paso más allá (literal) y se lanza a expresar su opinión a las calles sí me genera discrepancias.

En Colombia año a año se realizan marchas por la Paz para combatir a las FARC. ¿Acaso alguien se araña o dice que esas marchas no reducen a ningún guerrillero? Nadie. Todos marchan. Todos con una misma fe. Todos como un solo todo. Y desde Perú los aplaudimos. Pareciera que olvidamos que hay algo además de la estadística que debemos cambiar en la gente.

En Chile la gente sale a marchar en busca de mejor educación, y desde el Perú los envidiamos. Y por si fuera poco, no solo nos sacamos el sombrero por ellos sino que, además, nos quejamos de que aquí solo hacemos marchas banales y no por causas que realmente valgan la pena como la educación o la violencia familiar.

Quizás la clave esté en dejar de quejarnos tanto por las causas de tal o cual marcha, o de burlarnos por creer que marchando no se logra nada. Si creemos que el verdadero cambio está en la educación, empecemos a abrir un poco más los ojos y darnos cuenta que marchar también educa.

Marcha. Pero eso sí: marcha en paz. Marcha pero no mancha. Marcha.

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