Siento, luego comparto

Vanessa Carrillo


Viajo, viajo, viajo a través de las redes sociales y me encuentro con videos, imágenes, quejas, frases y demás. Un mundo de posteos y reposteos. Me pregunto: ¿qué hace que las personas publiquen este tipo de cosas? (desagradables o no a mi parecer, depende de quien las vea). Luego de revisar el libro Contagioso, de Jonah Berger, entiendo que son muchos factores los que mueven en nosotros compartir información en nuestras redes. Las emociones son uno de ellos.

Si partimos por definir emoción, entendemos que es un estado afectivo que el ser humano experimenta y que se refleja en una reacción al contexto influida por la experiencia. Cualquier clase de emoción que experimentamos puede animarnos a “compartir”. Hablar con el resto sobre lo que nos mueve incrementa la experiencia.  Comunicar nuestras emociones también nos ayuda a relacionarnos. Esto se traduce, básicamente, en que inconscientemente queremos generar empatía de la emoción que sentimos en un determinado momento porque esto convertirá nuestras relaciones más profundas.

Resaltar inquietudes similares confirma lo que se tiene en común con el resto. Las marcas aprovechan esto y generan campañas virales con carga emotiva (tanto positiva como negativa) para provocar alto grado de excitación a través del impacto.

Por un lado, la marca BMW para una campaña que lanzó en 2001 diseño una serie de cortometrajes para Internet: The Hire. Se trataban de anuncios que tenían contenido fuerte sobre secuestros y experiencias cercanas a la muerte. BMW originó miedo y ansiedad, incitando a los espectadores a compartir sus contenidos. El éxito fue tal que recibió más de 11 millones de visitas en cuatro meses y las ventas aumentaron en 12%.

Los internautas estamos muy pendientes de lo que la gente hace, tanto que tendemos a imitar a los que están a nuestro alrededor porque se convierten en referentes. La Movember Foundation de Australia, enfocada a la lucha contra el cáncer de próstata, ha tenido éxito porque incentivó a que los hombres comprometidos con la causa se dejen el bigote durante todo el mes de noviembre. Con esta exposición… el bigote “da que hablar”. Hacer que la causa se haga pública genera expectativas.

En definitiva, si algo nos importa y nos mueve  por dentro lo compartimos e incentivamos a que las personas lo conviertan en viral. Las emociones positivas que despierten sorpresa, excitación y diversión (a través del humor) generan un compartir más alto. La satisfacción, en cambio, una viralidad más baja. Finalmente, las emociones negativas como la ira y la ansiedad, contrariamente a lo que se cree, provocan mayor participación en las redes sociales que un simple contenido triste (¿ya vieron el video del niño que despide a su pez?).

No en vano, Francisco Mora Teruel, doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford, afirma que sin emoción no se genera curiosidad ni atención ni aprendizaje ni memoria.

¿Te emocionó? Comparte entonces.

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