Esa carita

Vanessa Carrillo


Todos los días nos comunicamos no solo cara a cara, sino también pantalla a pantalla. De acuerdo a un estudio de Ipsos Argentina para Google Perú en el 2014, el 82% de las interacciones de los peruanos con la información es a través de una pantalla.

La tecnología facilita nuestras relaciones con personas que se encuentran lejos, acortando la distancia. Además, ayuda a coordinar rápidamente diferentes actividades y aprovechar más el tiempo. Durante largas y no tan largas conversaciones por el chat, están involucrados nuestro pulgar (que probablemente esté musculoso), nuestra vista y el cerebro. Nuestros mensajes son cada vez más escuetos pero, contradictoriamente, intentan ser más expresivos.

La desventaja de una conversación a través de un chat es que el receptor de nuestro mensaje puede malinterpretar nuestra mala costumbre de añadir signos de interrogación sin necesidad, la exclamación en un comentario “suave” y el erróneo uso de puntos y comas.

Un banco de emoticones está a nuestro servicio apoyando esta necesidad de expresividad a través de un medio frío. El término “icono gestual” (denominación –y seria–), proviene del inglés emoticon, deriva de las palabras emotion que significa emoción e icon que, a su vez, es sinónimo de representación gráfica. El emoticón intenta ser un dibujo de la cara humana, elaborado con puntos, guiones y otros símbolos (del lenguaje) que, unidos, representan diferentes estados de ánimo.

¿Cuándo apareció el primer emoticón? En 1862, en un escrito de Abraham Lincoln. Luego de una frase que finalizaba con “aplausos y risas”, colocó una cara de guiño ;). Luego, en 1881, la revista americana Puck publicó una lista con cuatro “caritas” que representaban diferentes estados de ánimo. Finalmente, en 1982, Scott Fahlman, profesor de la Universidad Carnegie Mellon, planteó  usar la carita sonriente 🙂 para distinguir, en mensajes electrónicos, lo escrito en tono de broma y serio. A partir de ese momento, estos emoticones se volvieron parte importante de toda conversación on line, ayudando a expresar emociones y mejorando la comunicación.

En 1995, el japonés Shigetaka Kurita, creó emoticones para los beeper (#prehistoria). Luego de eso se extendieron por todo el mundo a través de los teléfonos móviles. Es tal su fama, que existe un portal (emojipedia) que detalla el verdadero significado de las “caritas” que usamos día a día.

Están tan dentro de nuestros códigos de comunicación que muchas marcas y asociaciones usan estas representaciones para emitir mensajes relevantes al público y generar impacto. Un ejemplo claro es la asociación sueca BRIS que, a través de un viral, expone diferentes emoticones (golpeados) que expresan situaciones de maltrato infantil para generar conciencia en la población.

Otro ejemplo es la marca Volkwagen, que usó diferentes emoticones (lesionados) para mostrar la consecuencia de escribir mensajes mientras uno maneja. Esto genera familiaridad con quienes están acostumbrados a realizar esta actividad y, finalmente, se espera un cambio de conducta.

Un emoticón expresa más que mil palabras 🙂

No te mueras por mí

Vanessa Carrillo


¿Sabías que el Perú ocupa el segundo lugar de feminicidios en Latinoamérica? La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), asegura que estos episodios de violencia están relacionados con factores como la desigualdad económica, social y cultural. Independientemente de lo que sea, no debería existir ninguna razón por la cual las mujeres (ni nadie) reciban golpes físicos y psicológicos.

Durante el 2013, y según el Ministerio Público, se registraron 104 casos de feminicidio a nivel nacional. ¿Se está haciendo algo al respecto? ¿Algo desde las comunicaciones?

“Te prometo que lo de ayer no va a volver a pasar nunca más. Tú eres todo para mí”, “Mi amor, te pido disculpas desde el fondo de mi corazón. Lo que pasó ayer no fue mi intención”. Típicos mensajes de los amantes arrepentidos que terminan por ser aceptados. Partiendo de la premisa de que los agresores siempre piden perdón con mensajes de amor y que las mujeres se conmueven y no los denuncian, la agencia de publicidad Circus Grey, junto con la institución Vida Mujer, lanzaron la campaña No te mueras por mí.

Esta agencia decidió crear una pieza que muestra casos reales a través de los cuales se identifica claramente el patrón de conducta –hombres arrepentidos pidiendo perdón– y que tienen un desenlace fatídico. Se trata de un libro on line que puede llegar a todas las mujeres peruanas, independientemente de la condición social, porque se puede ver de forma gratuita aquí.

Resulta que son los mismos hombres quienes escriben este libro a través de la recopilación de mensajes, cartas o mails que ellos les dejan a sus parejas agraviadas, buscando el “dulce” perdón. El prólogo ha sido escrito por nuestro Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Lo que busca esta iniciativa es que las mujeres denuncien, evitando que sus historias terminen en muerte.

Pude intercambiar un par de correos electrónicos con Tony Cruz, director de arte de esta campaña, y me dio algunos alcances para este artículo. Tony hace mucho hincapié en que el trabajo de los publicistas no debe limitarse a vender cervezas, sino a entregarle un contenido relevante al público, que pueda generar un impacto en sus vidas (por muy pequeño que sea). Además, los creativos están en la capacidad de proponer ideas que puedan generar conciencia y, en el mejor de los casos, lograr un cambio inmediato. “Los temas de interés social no son una opción, sino una responsabilidad”.

“No te mueras por mí”, dice Tony, nace a partir de una noticia que leyeron en Perú21: “Más de 482 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en los últimos 4 años”. Después de esto, decidieron investigar y tratar de entender por qué se producían tantos casos de violencia contra la mujer. Luego de identificar el patrón que engloba estas conductas, decidieron hacer algo que evidencie este modelo para que las mujeres sean capaces de alejarse de sus agresores. Así nace la idea de crear el primer libro de amor escrito por hombres que abusaron de sus parejas.

La ONG Vida Mujer, experta en casos de psicología física y mental de la mujer, accedió a ayudarlos a través de reuniones con doctores, psicólogos y mujeres. 25 de ellas aceptaron contar sus historias para publicarlas en el libro bajo una cláusula de anonimato. En pleno diseño del libro, decidieron que la mejor manera de plasmar las historias era basándose en la dualidad de los agresores; por un lado, las cartas de amor y, por otro lado, la cruda realidad.

No te mueras por mí busca generar conciencia sobre un problema actual en la sociedad pero, sobre todo, empoderar a las mujeres maltratadas para que puedan ponerle fin a sus crudas y violentas historias de “amor”.

Correr por los que no pueden

Vanessa Carrillo


No soy runner, nunca lo fui y no creo que lo sea en un futuro próximo. Lo mío va por el amor a pedalear en dos ruedas. Sin embargo, apoyo a quienes, como yo, tienen como estilo de vida que consiste en ir avanzando con un ritmo cardíaco que libera endorfinas.

El domingo 3 de mayo se llevó a cabo la carrera Wings for Life World Run. Como no estoy familiarizada con el mundo de los corredores, no tenía idea, como muchos de ustedes (me imagino). Sin embargo, este evento es conocido a nivel mundial.

Brasilia en Brasil, Cape Town en Sudáfrica, Oporto en Portugal, Aarhus en Dinamarca, Alanya en Turquía, Aranjuez en España, Breda en Países Bajos y Melbourne en Australia tuvieron deportistas experimentados y novatos corriendo por sus calles. Esta competencia se lleva a cabo de manera simultánea en 35 ciudades alrededor del mundo y tiene un genial fin: recaudar dinero a través de las inscripciones para la organización que tiene el mismo nombre y que investiga sobre lesiones en la médula espinal.

Se estima que alrededor de tres millones de personas en el mundo viven con una lesión de este tipo. Además, cada año, 130 mil más sufren de una lesión medular a raíz de accidentes de auto (en su mayoría).

Bajo el concepto “Corre por aquellos que no pueden”, esta iniciativa no tiene un punto de llegada como una carrera tradicional. La meta es móvil; es decir, los corredores deben llevarle la delantera a una meta que se mueve y que parte 30 minutos después del inicio de la carrera. Si ésta te alcanza, la competencia ha terminado.

Este año la carrera ha conseguido que se inscriban alrededor de 2000 personas en Lima. El punto de partida fue el Circuito Mágico de Agua. Los atletas han podido disfrutar de su gran pasión por correr y cruzaron las calles de Miraflores, Barraco y Chorrillos.

Wings for Life, aún no tan conocida en el país por la falta de promoción, propicia  que los corredores puedan comparar su rendimiento con el resto de la gente que compite en todo el mundo tomándose un selfie y compartiéndolo en la página web. La organización ha intentado darse a conocer contando con la participación de líderes de opinión como Sofia Mulanovich, Rafaella Camet y Eddie Jordan, entre otros. Por otro lado, cuenta con el patrocinio mundial de las marcas Garmis y Puma y nacionalmente con Perú Runners y Red Bull.

El Perú, gracias a nuestro fondista estrella Remigio Huamán, quedó tercer puesto a nivel mundial en la carrera de este año. Huamán compitió en Austria y recorrió 78.2 kilómetros. Este atleta, pese a que Entel y Nike cubren su pecho y espalda, luce la bandera peruana en su corazón. Por su parte, Emerson Trujillo, con 72.15 kilómetros, quedó en primer puesto en Lima y noveno a nivel mundial. ¿Nos enteramos?

Quizás para la próxima carrera, que será el 8 de mayo de 2016, más marcas se involucren para promocionarla; más líderes de opinión se unan y más atletas y no atletas estén dispuestos a correr… correr por aquellos que no pueden.

La curiosidad no mató al gato

Vanessa Carrillo


Tenía siete años y se me salió un diente. Recuerdo, en ese contexto, que me dijeron que el ratón de los dientes no existía. Quedé muy intrigada y decidí esperar la noche en el lugar donde, en teoría, dicho traicionero aparecía para llevarse mi diente y dejar regalos. La curiosidad de confirmar tan vil verdad hizo que no pegara el ojo en toda la noche y que descubriera que era mi papá el que hacía la magia.

Cuando somos bebés –y antes de crecer y formar parte de una serie de prohibiciones, normas y reglas impuestas– no nos frenamos ante el impulso de curiosear y aprender.

Si partimos de la definición de la RAE, la curiosidad es el deseo de alguien por saber o averiguar sobre lo que no le concierne. La mayoría de nosotros, sobre todo los comunicadores, nos pasamos la vida investigando y nunca creemos haber llegado al límite de nuestro aprendizaje. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuál? ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde?

Cuando una persona pregunta demasiado sobre algo o alguien, siempre sale la famosa frase “la curiosidad mató al gato”. Ésta tiene origen inglés y viene del siglo XVI, del texto original Curiosity killed the cat. Sin embargo, la expresión viene del Care kills a cat y a medida que pasó el tiempo, el care se cambió por curiosity. Traducida –y relacionada con la medicina– se refiere a que la excesiva preocupación es mala para la salud, tanto que es capaz de enfermar y dejar morir. La contradicción de usar “al gato” es porque son animales cautelosos y cuidadosos en cada movimiento.

En 2001, un estudio en el Annual Positive Psychology Summit, demuestra que los individuos que son extremadamente curiosos, experimentan grandes niveles de satisfacción. Además, sus relaciones interpersonales son más positivas. ¿Por qué será esto? ¿La curiosidad no mata al gato?

Albert Einstein nos dice: “lo importante es no dejar de cuestionarse. La curiosidad tiene su propia razón de existir”. Este aprendizaje lo traslado a mi vida. Cuando tengo la oportunidad de ir a una ciudad nueva siempre me meto en algún supermercado (y por horas) para observar cómo distribuyen los productos (¿eso me hace loca?). Otra cosa que hago es subirme al transporte público y entrar a algún bar a tomar algo. Observo… y no solo se trata de mirar y ya, sino de analizar lo que ven mis ojos. Así interpreto conductas que son ajenas a las mías.

Cuando estoy en casa, en mi contexto cotidiano, si me entero de alguna exposición de arte o estrenan alguna película, voy. Si hay un concierto de mis géneros favoritos, voy. Si hay una bici salida temática, voy. Si hay una presentación de un libro, voy. Voy, voy, voy… y observo.

Regreso a mi infancia. La curiosidad por aprender y tener referentes (de todo) probablemente es una filosofía en mi vida. Se dice que ir indagando sobre todo es necesario para nuestra supervivencia. Y lo es. Sobre todo para los comunicadores.

La curiosidad se convierte en el punto de partida para identificar insights para conectar con las personas para las que diseñamos un mensaje. Conociendo diferentes contextos podremos aterrizar mejor las ideas. Leyendo libros, sumergirse en historias… nos llenan de más referentes aun.

Así que la curiosidad no va a matar al gato… nos llenará de conocimiento y nos hará más interesantes.

Con propósito NO comercial

Vanessa Carrillo


La publicidad ha dejado únicamente de ser comercial para estar sumergida en generar conciencia en las personas. Leyendo el libro Marketing 3.0 del gran Philip Kotler, se habla de la evolución de los mensajes en relación con las marcas. Hemos pasado de un marketing enfocado en la venta a gran escala sin mucho conocimiento de “las personas” a un marketing que desarrolla un producto y genera un valor agregado al mismo; y actualmente, los consumidores están en la capacidad de “reclamarle” a las compañías que ofrecen marcas el hecho de que hagan de este mundo un lugar mejor para la convivencia.

En este contexto, los publicistas ya no solo se involucran con las marcas sino que, respondiendo a una estrategia corporativa, generan ideas a favor de causas. Esto lo podemos ver a través de muchas campañas que circulan en los medios actuales. Lo dijo el famoso publicista estadounidense William Bernbach en su momento: “Todos los que somos profesionales de la comunicación somos formadores de la sociedad. Podemos vulgarizarla, brutalizarla o ayudarla para que suba de nivel”.

Publicistas amigos del entorno peruano y mundial me ayudaron a construir este post. Desde el plano de la planificación estratégica y la creatividad, estas son sus opiniones con respecto al tema:

  • Rafael Hernández Calvo, subgerente y director de Publicidad Causa, menciona que “… el publicista sigue trabajando en pro de las marcas. La diferencia está en que son las marcas las que hoy están trabajando más en pro de la gente, ya sea siendo útiles directamente –a través de algún producto o servicio– o indirectamente –al colaborar con algún propósito relevante para el público (y que guarde alguna relación con la marca en cuestión)–. Entonces, al trabajar para la marca, terminamos, por extensión, trabajando para la gente que esa misma marca busca servir”. Rafa menciona al BBVA y su campaña Leer es estar adelante como una clara muestra de querer llevar la promesa de marca, en este caso la superación, hacia un plano social: mejorar los pobres niveles de comprensión lectora que nos aquejan como país.
  • Rolando Córdova, director creativo  de Havas Wordwide en New York, opina que las marcas se preocupan por tener un carácter más social y por generar iniciativas en beneficio de las personas. Un ejemplo que trae sobre la mesa es el de Stella Artois, conocida cerveza belga que menciona al agua como el elemento más importante para elaborar su producto. Así que la marca se propone hacer algo en retribución del planeta y, por la compra de una cerveza, dona un galón de agua a las personas que la necesitan en África e India. El rol que cumple el publicista es fundamental porque supervisa la estrategia para generar un cambio de conducta o de percepción acerca de algo. Rolo hace mucho hincapié en lo fundamental que es encontrar los insights indicados para generar el cambio.
  • Frank Martí, redactor creativo de McCann Perú, nos dice que desde siempre existen organizaciones con diferentes fines que usan la comunicación en busca de un cambio. Además, reconoce que estas no manejan un presupuesto publicitario como las grandes marcas, pero que eso no implica que merezcan ideas y producciones malas. Frank menciona que “hoy en día los publicistas sabemos que, casi de forma fija, nos encontramos con estas organizaciones. De hecho, disfrutamos de este tipo de categorías ya que siempre tocan temas sensibles y es un reto trasmitir mensajes como estos a un público tan masivo. La gran satisfacción se encuentra en lograr un alto impacto y buenos resultados. Cada vez hay más herramientas para enfrentar estos retos. El truco está en estar atentos y usarlas de forma inteligente”. (Su reciente campaña para Save The Children es #HABLAPORELLOS).

En definitiva, cuando existe un objetivo genuino que escapa a lo netamente comercial y se torna en un propósito común a favor de las personas, las marcas y los publicistas trascienden.

Gracias por la ayuda Rafa, Rolo y Frank.

Siento, luego comparto

Vanessa Carrillo


Viajo, viajo, viajo a través de las redes sociales y me encuentro con videos, imágenes, quejas, frases y demás. Un mundo de posteos y reposteos. Me pregunto: ¿qué hace que las personas publiquen este tipo de cosas? (desagradables o no a mi parecer, depende de quien las vea). Luego de revisar el libro Contagioso, de Jonah Berger, entiendo que son muchos factores los que mueven en nosotros compartir información en nuestras redes. Las emociones son uno de ellos.

Si partimos por definir emoción, entendemos que es un estado afectivo que el ser humano experimenta y que se refleja en una reacción al contexto influida por la experiencia. Cualquier clase de emoción que experimentamos puede animarnos a “compartir”. Hablar con el resto sobre lo que nos mueve incrementa la experiencia.  Comunicar nuestras emociones también nos ayuda a relacionarnos. Esto se traduce, básicamente, en que inconscientemente queremos generar empatía de la emoción que sentimos en un determinado momento porque esto convertirá nuestras relaciones más profundas.

Resaltar inquietudes similares confirma lo que se tiene en común con el resto. Las marcas aprovechan esto y generan campañas virales con carga emotiva (tanto positiva como negativa) para provocar alto grado de excitación a través del impacto.

Por un lado, la marca BMW para una campaña que lanzó en 2001 diseño una serie de cortometrajes para Internet: The Hire. Se trataban de anuncios que tenían contenido fuerte sobre secuestros y experiencias cercanas a la muerte. BMW originó miedo y ansiedad, incitando a los espectadores a compartir sus contenidos. El éxito fue tal que recibió más de 11 millones de visitas en cuatro meses y las ventas aumentaron en 12%.

Los internautas estamos muy pendientes de lo que la gente hace, tanto que tendemos a imitar a los que están a nuestro alrededor porque se convierten en referentes. La Movember Foundation de Australia, enfocada a la lucha contra el cáncer de próstata, ha tenido éxito porque incentivó a que los hombres comprometidos con la causa se dejen el bigote durante todo el mes de noviembre. Con esta exposición… el bigote “da que hablar”. Hacer que la causa se haga pública genera expectativas.

En definitiva, si algo nos importa y nos mueve  por dentro lo compartimos e incentivamos a que las personas lo conviertan en viral. Las emociones positivas que despierten sorpresa, excitación y diversión (a través del humor) generan un compartir más alto. La satisfacción, en cambio, una viralidad más baja. Finalmente, las emociones negativas como la ira y la ansiedad, contrariamente a lo que se cree, provocan mayor participación en las redes sociales que un simple contenido triste (¿ya vieron el video del niño que despide a su pez?).

No en vano, Francisco Mora Teruel, doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford, afirma que sin emoción no se genera curiosidad ni atención ni aprendizaje ni memoria.

¿Te emocionó? Comparte entonces.