El mundo es mucho más pequeño que un pañuelo

Molly Rosas


Recuerdo que oí esa frase (“El mundo es como un pañuelo”) cuando leía el libro Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan de Nicholas Christakis y James Fowler hace algún tiempo.

Toda esta semana no he podido dejar de pensar en la siguiente pregunta: ¿qué tan cercanos podemos estar de situaciones escandalosas? En mi vida jamás pensé estar tan cerca de eso. Tampoco quiero estarlo, pero siempre hay una primera vez. De hecho, yo sí me he sentido cercana a un caso que está siendo realmente escandaloso. Y me he visto envuelta en él no de manera directa, pero sí porque esta persona es (supongo hasta ahora) amiga de una persona que solía tener contacto conmigo (ya no lo tiene hace un buen tiempo). No la conocía personalmente ni la tenía agregada al Facebook, pero sí había escuchado de ella (incluso por celular).

Mi mamá siempre suele decirme algo que es con lo que me quedo: “Nunca terminamos de conocer a las personas, y cuando crees conocerlas te sorprenden”. Si bien jamás la conocí, nunca se me pasó por la cabeza que esta persona terminaría involucrada en un caso escandaloso por el círculo que alguna vez compartimos. Es más, hasta ahora me pregunto ¿con quiénes estuve rodeada? Porque ella era casi hermana de la persona que frecuentaba. Si es que hubiese podido darse la oportunidad, probablemente hubiese podido conocerla y, quién sabe, hubiese podido entablar una “amistad” más profunda.

Me siento muy conectada con este caso que involucra a personas que alguna vez formaron parte de mi entorno. Tanto así que sigo las noticias todos los días para ver cuál es el desenlace. Me gustaría ver las reacciones de aquellos que en algún momento no dudé en conocerlos como mis “amigos”. Ellos no hablan sobre el tema o, por lo menos, no lo hacen público. Y obviamente, también estoy a la espera de saber cuál es la respuesta de esta persona a quien en algún momento pude conocer. Pero que, gracias a mis sabias decisiones, no quise.

No es que la juzgue, pero todo hace indicar que tomó en su momento decisiones equivocadas y tendrá que responder por ello. Me da miedo pensar que, tal como me lo dijo hoy una compañera, somos conexiones. Me da temor pensar de qué clase de personas estamos rodeadas: nunca lo sabremos realmente porque jamás podremos terminar de conocerlas.

Felizmente todo esto se trata solo de suposiciones.

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1, 2, 3… ¡a correr!

Molly Rosas


Recuerdo los constantes esfuerzos de mi madre para que pueda salir de casa e ir al gimnasio. Lo detestaba. Tampoco destacaba en el curso de Educación Física. Tenía solo 9 años. Las cosas fueron cambiando conforme fui creciendo. Destacaba (cosa que me impresionaba) en el mencionado curso. Según mi profesora, tenía condiciones para el deporte. Recuerdo haber hecho de todo: salto largo, salto alto, postas, vóley, fútbol, etc. Y así como dice el Chavo, “sin querer queriendo”, dejé de ser una niña inactiva.

Después de algunos años, cuando me mudé a Lima, volví a mis hábitos sedentarios. Me cambié de colegio dos veces y en el que finalmente me quedé no hacíamos mucho deporte. Me percaté a mis 15 años que no era una niña muy esbelta.  Otra vez mi mamá, muy preocupada, me volvió a insistir con matricularme en un gimnasio. Tenía malos recuerdos, pero accedí.  Recuerdo haber entrado a una clase de tae-bo y el profesor me dije que patee con toda mi fuerza. Me encantó. No sabía que existía “algo” así. Y como quien no quiere la cosa, terminé amando el deporte. Pasé del gimnasio a las maratones y demás. Hasta que finalmente decidí quedarme con el primero.

A nuestra larga lista de días conmemorativos, se sumó el de la Actividad Física que se celebró el día de ayer. Esta conmemoración fue instaurada por la Organización Mundial de la Salud, que detectó que la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad en el mundo. El objetivo es promoverla y persuadir a los demás de formar parte de ella.

En nuestro país las iniciativas deportivas han crecido a nivel de Lima. Hay más eventos deportivos y eso es bueno. Sin embargo, la contraparte de esto es que no hay lugares adecuados para que estas actividades se realicen. Las municipalidades o el gobierno deberían invertir en estos centros. Las provincias están nulas en este aspecto.

“El deporte es una herramienta efectiva para la construcción de la paz”, dijo la ONU en un comunicado. Esto me hizo recordar cuando casi 1800 presos batieron el récord Guinnes el año pasado. Todos con step en la mano se pusieron a bailar y a realizar una rutina de ejercicios (full body). Según el entonces director del penal de Lurigancho, Tomás Garay, esto había provocado un descenso en el consumo de drogas.

La actividad física siempre será una buena opción para dejar los malos hábitos, para poder invertir nuestro tiempo en hacer algo que nos traerá resultados a largo plazo. Lo único que necesitamos es actitud y un par de zapatillas.

Un momento de reflexión

Molly Rosas


Te levantas hoy en la mañana. Lo más probable es que tengas el desayuno hecho. Vas a estudiar o a trabajar. Todo parece normal. Los problemas a los que te enfrentas en el día a día son solo eso: momentos pasajeros. Hay que asumirlos y manejarlos de la mejor manera.

Probablemente no te des cuenta de que eres muy afortunado.

Hace unos días vi la imagen de una niña siria levantando los brazos en señal de rendición. Ella, con total ingenuidad, confundió la cámara que la retrataba con un fusil. Esta pequeña es tan solo una víctima de la guerra civil que sacude Siria desde hace cinco años. Este, como cualquier otro conflicto, ha cobrado la vida de 250 mil personas y ha afectado a cinco millones de niños. Organizaciones como la ONU están actualmente recolectado dinero para poder ayudar y evitar que se incremente el número de afectados.

No podemos y no debemos ser ajenos a este tipo de problemas. ¿Por qué? Porque gracias al avance de los medios de comunicación y a las nuevas tecnologías podemos ser testigos de lo que pasa en Siria o en Darfur, conflictos que ya tienen muchos años y que no tienen cuándo acabar.

Recuerdo mucho mis clases en la universidad, especialmente aquellas en las que hablábamos de la ética y de pensar en el otro. El filósofo que proponía esto era Charles Taylor. Sin duda alguna debemos ponernos en los zapatos del otro para poder siquiera pensar en el tamaño del conflicto. No se trata de ir a Siria y colaborar. Aunque no sería mala idea. Se trata de conocer al menos ese conflicto y, si hay alguna posibilidad, formar un movimiento en redes (un ejemplo de ello es BringbackourGirls). Además, se trata de pensar en nosotros mismos. Si queremos realmente cambiar el mundo debemos empezar por nosotros mismos. Pensar si lo que realmente estoy haciendo está bien o está mal, si mis decisiones afectan a determinadas personas como mi esposo, madre, amigo, profesor, etc.

Solo será un momento de reflexión. Que este tipo de imágenes nos sirva para poder hacernos más seres humanos y dejar de ser tan robotizados.

¿El último desliz?

Molly Rosas


Les comentaba a mis alumnos el día de ayer la difícil tarea que tenemos los comunicadores hoy en día: debemos tratar de satisfacer a un público que cada día es mucho más exigente y debemos afrontar muchas dificultades.  Con el pasar del tiempo, cada día es mucho más fácil cometer errores.

Muy aparte de la discusión sobre el tema, nos planteamos la siguiente interrogante: ¿qué tan dispuestos estamos nosotros por alcanzar aquello que deseamos? Todos deseamos tener éxito en la vida, hay algunos que solo desean hacer lo que más les gusta, ¿pero es necesario valernos de los demás? ¿Dónde se encuentra nuestro límite?

La semana pasada, el programa de retos para adolescentes El último pasajero propuso un concurso que consistía en comer cucarachas. El gran premio era el soñado viaje de promoción a Cancún. La niña de apodo “Lola” prácticamente hizo ganar al equipo azul. Ni bien el programa se emitió, en las redes sociales los comentarios empezaron a llegar, incluyendo las de la premier Ana Jara. Y no solo eso: también aparecieron las declaraciones de Adolfo Aguilar, uno de los conductores del programa, para quien esto no era nada comparado con lo que hacen otros programas.

Podemos notar, entonces, que hay dos errores que forman parte del mismo programa: uno es el desliz de la producción al proponer un reto que atentó contra la dignidad de una persona (de un adolescente)  y otro por parte del conductor al tratar de minimizar la situación de la peor manera. Ambos, a pesar de todo y contra todo, comunicadores. Si bien ambos salieron a disculparse el día ayer, estas llegan un poco tarde y después de la avalancha de críticas en redes sociales. Lo más doloroso que puede sufrir un comunicador es perder la confianza de quienes lo leen o miran.

Siempre será buena la rectificación y todo lo demás. Pero estas deben llegar a tiempo para evitar perder lo que tanto nos cuesta conseguir y mucho más cuando nuestro peor enemigo es el tiempo.

¿Dónde está nuestro límite?  Como Stuart Mill proponía en su libre Sobre la libertad: “Mi libertad termina donde empieza la tuya”. Nuestro límite siempre será la otra persona.

Pensando en ti y en mí

Para leer y llevar


Muy a menudo solemos pensar siempre en nuestro bienestar, en nuestra posición económica, en cómo nos va. Siempre pensamos primero en nosotros mismos antes que en los demás. Es, tal vez, lo más natural y obvio. Esto se ha visto corroborado el domingo en las Elecciones Municipales. Hemos votado por el candidato que pueda resolver, desde nuestro punto de vista, nuestros problemas. Elegimos a la mejor opción teniendo en cuenta nuestros intereses. Es muy difícil que pensemos primero en los demás antes que en nosotros. Pero, ¿qué pasa cuando sale un candidato que no es de nuestro agrado y que genera nuestro rechazo? Lo más probable es que empecemos a criticar a las personas que lo eligieron y a la falta de “educación” de las mismas. Pero  si realmente nos ponemos a pensar, ¿es que acaso el voto y la opinión del otro no cuenta? ¿Es que acaso nosotros por poder acceder a diversos medios de comunicación y, tal vez, a una mejor educación, sabemos más que ellos y nuestro voto y opinión vale más?

La realidad es que todos vivimos en Lima. Todos tenemos diferentes visiones del mundo, diferentes trabajos, diferentes día a día. ¿Por qué no ponernos a pensar que ellos, al parecer la gran mayoría, tienen un pensamiento distinto y desean a un representante distinto (que pudo haberlos beneficiado en su gestión).? Se nos hace tan difícil respetar la opinión y la elección de algunos representantes que incluso pecamos de intolerantes.

Recuerdo mucho la campaña de las elecciones presidenciales del 2011. El entonces candidato de la “izquierda”, Ollanta Humala, salió elegido. No faltaron los comentarios racistas en redes sociales acerca de lo que se nos vendría. “Que el Perú será otra Venezuela”,  “que el Perú no avanzará”, etc. La falta de tolerancia y de reconocimiento del otro se hizo evidente. Muchos dijeron que, incluso, se irían fuera del país para poder vivir “tranquilamente”. Pero casi nadie trató de entender lo que había pasado. Las personas que votaron por Ollanta eran ese “otro” grupo de personas a quienes no se les tomó en cuenta al momento de repartir el supuesto crecimiento económico que empezaba a aflorar en nuestro país. Ellos estaban cansados de tener al mismo perfil de gobernantes y estaban cansados de las promesas incumplidas en tantos gobiernos. ¿Es que acaso el voto y el pensamiento de ellos no vale?

Deberíamos ponernos a pensar un poco más en los otros y no solo desde el punto de vista político, sino en nuestro día a día. Muchas veces en el trabajo o en nuestro entorno estamos expuestos a tomar decisiones que podrían afectar a otras personas. Tratemos de pensar en, incluso, las opiniones que damos o las sugerencias que podamos exponer. Siempre será necesario ponernos en los zapatos del otro para ser un poco más tolerantes.  Ya decía Tales de Mileto que la cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás.

Te boto mi voto

Para leer y llevar


El clima electoral que se respira estas semanas es intenso. Las últimas portadas de algunos diarios hablan sobre la relación que tuvo la reconocida modelo Millet Figueroa y el actor Christian Meier. Tampoco pueden dejar de mencionar las últimas declaraciones de Johanna San Miguel acerca del ´ampay´ que tuvo con el joven actor Stefano Salvini.

Estamos a menos de una semana y probablemente ninguno de nosotros se percate de que las elecciones municipales serán este domingo. Los titulares más explosivos y más leídos no tienen que ver con política, sino con los escándalos que involucran a personajes de algunos realitys. Los peruanos, desde mi percepción, estamos cansados de la política. Esta nos resulta aburrida y genera rechazo. Tal vez por nuestra historia y por las grandes decepciones que nos hemos llevado (después de todo, somos una sociedad sentimentalista).

Cuando llegaba al trabajo leía la columna de Luis Benavente en Publimetro acerca de la decisión final que toma el limeño en las elecciones. Me sorprendió que un 25% recién decida su voto esta semana (es más, creo que dentro de esa cifra me encuentro yo). Me sorprende porque es una cifra considerable y el número de indecisos en algunos casos puede repercutir en la elección de nuestros representantes distritales. Me llama la atención, también, las campañas para conseguir votos y la inefectividad de algunas otras (reflejada en esa cantidad de indecisos).

Pensando y repensando por quién votaré este fin de semana, me puse a pensar en las múltiples opciones que tengo para mi distrito. Pensaba en alguien que pueda resolver el problema del tráfico. Después pensaba en alguien que pueda mantenerlo limpio. Y así llegué a la conclusión que quería a alguien que resolviera una cantidad inmensa de problemas, que no cobre mucho por ello (como la mayoría de clientes) y que, además, lo haga en el menor tiempo posible. Y así me quedé sin ningún candidato (porque no conozco a la mayoría de ellos). Creo que todos nosotros estamos hartos de las promesas incumplidas, pero tengo que reconocer que el factor tiempo mata a algunos postulantes y exalcaldes (que vuelven a postular) al tratar de concebir un plan de trabajo que no pueda realizarse en cuatro años. Esto porque existen algunos problemas y/o obras que no pueden resolverse a la brevedad  y que definitivamente tomarán su tiempo.

Muchos nos hemos olvidado de la magnitud de nuestra decisión este fin de semana. Nos hemos olvidado que vamos a elegir a nuestros representantes distritales y que deberíamos informarnos mucho más.

En el poco tiempo que me queda, me he puesto como meta revisar al detalle cada uno de los planes de trabajo de algunos candidatos y finalmente iré este fin de semana a votar (a conciencia). No me importará si la persona que elija no figure en alguna prestigiosa encuestadora.

Creo que dejaré de leer tanto escándalo y me esconderé para que los medios no puedan llegar a mí y me concentraré únicamente en eso.